domingo, 5 de noviembre de 2017

Metodología de las Ciencias Sociales

Metodología de las Ciencias Sociales

Actividad de Introducción 
De manera individual reflexiona y responde las siguientes preguntas: 
1. Desde tu punto de vista, ¿cuál consideras la finalidad primordial de una investigación científica?
2. ¿Qué problemas de la sociedad te gustarían resolver? 
3. ¿Cómo aplicarías la ciencia a los problemas sociales? 
4. ¿Qué problemas sociales percibes en la ciudad donde vivís o escuela que impliquen la necesidad de efectuar una investigación? 


La investigación en Sociología 

Con toda seguridad has observado, leído o escuchado acerca de fenómenos sociales como: 
• Violencia. 
• Actos de corrupción. 
• Drogadicción. 
• Relaciones familiares conflictivas. 
• Inseguridad. 
• Desempleo.
• Embarazo adolescente. 

Te has preguntado objetivamente: ¿cuáles son las causas de estas situaciones?, ¿cuáles son las posibles soluciones para resolver estas problemáticas? Sin lugar a dudas son fenómenos que requieren un punto de vista objetivo. 

Las problemáticas antes mencionadas se muestran como simples hechos a la vista de la sociedad y no como una preocupación colectiva que se plantee interrogantes sobre la causalidad y alternativas para contrarrestar la indiferente tendencia del mundo actual. Pero para poder entender la causa y consecuencias de estos fenómenos, es necesario recurrir a la ciencia.

La actividad práctica de un sociólogo consiste precisamente en recurrir a la ciencia sobre todos los hechos sociales que influyen y problematizan en el desarrollo de la sociedad, con la finalidad de buscar la mejoría de la sociedad. En la medida en que una sociedad se preocupe por atender sus problemáticas a través de su estudio y de orientar el impulso de políticas sociales que alienten a la solución de los mismos,  crecerá el ámbito profesional del sociólogo, con utilización de herramientas que provee la ciencia misma. 

Es por ello que la sociología, en tanto ciencia, requiere con mucha frecuencia el desarrollo de la investigación. 


El método científico en las ciencias sociales

La  intuición e imaginación que todo científico pone a disposición de su trabajo en el proceso de investigación social debe complementarse y guiarse por medio de un riguroso proceso de análisis, de organización del material disponible, de ordenamiento y de crítica a las ideas. Es este  trabajo el que diferencia a la investigación científica de las simples opiniones, las que son solo expresiones que cualquier personas puede emitir sobre un tema determinado.

Lo que distingue a la investigación científica de otras formas de indagación acerca de nuestro mundo es que está guiada por el denominado método científico. Hay un modo de hacer las cosas, de plantearse las preguntas y de formular las respuestas que es característico de las ciencias, que permite al investigador desarrollar su trabajo con orden y racionalidad. 

El vocablo “método” etimológicamente significa: procedimientos, pasos, persecución. Es una palabra proveniente del griego, donde “odos” es camino y “meta” significa más allá, fín. El método científico es el procedimiento o conjunto de procedimientos que se utilizan para obtener conocimientos científicos, es el modelo o pauta general que orienta la investigación. Pero el método no es un camino fijo, predeterminado y menos aún recetario de acciones que se siguen como una rutina. El conocimiento científico se adquiere gracias a la libertad de pensamiento, mediante la crítica, el análisis riguroso, la superación de los errores y la discusión.

El método, por lo tanto, no es único. La elección de la metodología más adecuada para una investigación social dependerá de múltiples factores, entre los cuales podemos destacar: el tema seleccionado, el problema a investigar, el tiempo y los recursos económicos con los que se cuenta y el marco teórico del cual parte el investigador.


Etapas de la investigación sociológica

Para lograr un conocimiento científico todo investigador debe seguir determinados procedimientos, un método, que le permita alcanzar el fin que procura. Pero este método no es de ninguna manera rígido ni mucho menos único, sino que el investigador debe elegir aquel conjunto de procedimientos que mejor le sirva a su investigación.

Durante este proceso, el investigador tiene la posibilidad de ir y venir de una etapa a otra. De una etapa de nivel teórico a  una de nivel empírico, o de lo abstracto a lo concreto, tratando de lograr una superación constante de los planteamientos, hasta llegar a formulaciones más elaboradas y precisas. 

Sin embargo, existen restricciones necesarias que impone la metodología científica con el objeto de que los resultados de  la investigación puedan considerarse de utilidad para la teoría y la práctica científica.

Existe una lógica que todo investigador debe respetar en la concatenación de las etapas del proceso de investigación. Estas etapas pueden presentarse de la siguiente manera:

Selección del tema a investigar
Planteamiento del problema
Estructuración del marco teórico y conceptual
Formulación de hipótesis
Elección de los instrumentos de recolección de datos y selección de la muestra (trabajo de campo)
Resumen y análisis de los datos.


Selección del tema a investigar

La selección del tema a investigar es el primer punto que se debe considerar para comenzar el trabajo y es de fundamental importancia.

El tema de estudio debe reunir, hasta  donde sea posible, algunas de las siguientes características:
Debe tener una verdadera y amplia proyección social y la posibilidad de reflejarse en la transformación de la sociedad. Debe estar orientado para que sus resultados sirvan en el diseño de estrategias para la solución o mejoramiento de la situación en que se encuentra la sociedad o los grupos sociales. 
Debe ser novedoso, es decir, que tenga matices de singularidad y sea interesante para poder ofrecer ideas, hipótesis o lineamientos de futuros estudios. 
Debe prever la organización y sistematización de hechos con el propósito de lograr la validez de las predicciones que conduzcan al desarrollo de nuevas teorías. 

Ejemplo: Describir los usos que de la televisión hace el niño y las gratificaciones que obtiene al ver programas de televisión.


Planteamiento del problema

Plantear un problema significa reducirlo a sus aspectos y relaciones fundamentales a fin de poder iniciar su estudio intensivo. En la práctica, en un primer momento, el investigador plantea el problema en término generales, poco precisos. A medida que va avanzando en el proceso investigativo, consulta datos empíricos y revisa ciertos conceptos teóricos sobre el tema para poder plantear el problema en forma más precisa y clara.

Los investigadores sociales tienen en cuenta tres criterios básicos para el planteamiento de buenos problemas de investigación:
El problema debe expresar una relación entre dos o más variables.
El problema debe formularse claramente y sin ambigüedades.
El problema y su formulación deben ser planteados de manera que permitan la posibilidad de comprobarse empíricamente.

En general el investigador tiene en cuenta ciertos pasos para plantear correctamente un problema:
1-  Señalar los límites teóricos del problema: en este momento el investigador analiza diversos conceptos que se consideran de importancia para el tema elegido y separa otros menos relevantes, precisando los factores o características del problema que le interesa investigar.


2- Fija los límites temporo- espaciales de la investigación, es decir, señala el período de tiempo en el cual se va a realizar, y define meticulosamente el área geográfica (región, zona, territorio) que comprenderá dicha investigación. 
3- Define claramente las unidades de análisis o unidades de observación: el investigador debe detallar las características fundamentales que debe reunir cada elemento (personas, viviendas, etc) para que pueda ser considerado parte de la población objeto de estudio.
4- Sitúa el problema social en el contexto socio- económico, político e histórico respectivamente. 

Ejemplo: 
- Describir el uso que los niños de la Ciudad de México hacen de los medios de comunicación colectiva.
- Indagar el tiempo que los niños de la Ciudad de México dedican a ver televisión.
- Describir cuáles son los programas preferidos de los niños de la Ciudad de México.
- Conocer el tipo de control en el caso de la Ciudad de México que ejercen los padres sobre la actividad de ver televisión de sus hijos.
- Analizar qué tipos de niños ven más la televisión.

Estructuración del marco teórico y conceptual

El investigador que se plantea un tema no lo hace en el vacío, como si no tuviese la mínima idea acerca del mismo, sino que siempre parte de algunos referentes teóricos y conceptuales, aunque éstos no tengan aún un carácter preciso y sistemático. A medida que se avanza en el proceso investigativo, que se interiorizan características del problema y se lo va conociendo mejor, es que se elaboran con más rigurosidad los conceptos existentes. El marco teórico, tiene precisamente este propósito: dar a la investigación un sistema coordinado y coherente de conceptos y proposiciones que permitan abordar el problema de estudio. Este conjunto de conceptos y proposiciones permitirá, al mismo tiempo, que el investigador sostenga, argumente y dé fuerza a su hipótesis. 

El objetivo que debe cumplir todo marco teórico es, entonces, el de situar nuestro problema dentro de un conjunto de conocimientos que permitan orientar nuestra búsqueda y nos ofrezcan una conceptualización adecuada de los términos que utilizamos.


Formulación de hipótesis

Las hipótesis son el instrumento que utiliza el investigador para establecer un enlace entre la teoría de la cual parte la investigación y la indagación empírica que confirmará, reformulará o anulará  los sistemas teóricos. 

La  hipótesis nos indican lo que estamos buscando o tratando de probar y pueden definirse como explicaciones tentativas del fenómeno investigado formuladas a manera de proposiciones (afirma algo). La hipótesis  no necesariamente son verdaderas, el investigador no puede asegurar que vaya a comprobarse. Las hipótesis buscan establecer relaciones significativas entre fenómenos o  variables, apoyándose en el conjunto de conocimientos organizados y sistematizados.

Características de las hipótesis: 
- Debe referirse a una situación social real,
- La relación entre variables propuestas por una hipótesis debe ser clara y verosímil 
Funciones de la hipótesis: 
- Son guías de investigación. Proporcionan orden y lógica al estudio.
- Tienen una función descriptiva y explicativa, según sea el caso.
- Probar teorías
- Sugiere teorías.


Actividad 1

Responder  las siguientes preguntas en base a la lectura de la introducción y las conclusiones de la  investigación: “Puertas adentro: la inmigración discriminada, ayer y hoy”, Néstor Cohen. Instituto Germani. Facultad de Ciencias Sociales, UBA, 2004.

1. ¿Cuál es el tema de que dio origen al proyecto de investigación?
2. Establecer los problemas de la investigación:
a. establecer los objetivos
b. ¿Cuáles son los interrogantes que dieron origen a la investigación?
3. ¿Cuáles son los principales conceptos utilizados por los autores en esta investigación?
4. ¿Cuáles son las hipótesis del trabajo?

Introducción 
Los artículos que dan forma a esta publicación cristalizan el análisis de algunas de las cuestiones tratadas por los autores en la investigación “Representaciones sociales discriminatorias hacia migrantes coreanos y paraguayos”, dirigida por Néstor Cohen y realizada en el marco de los proyectos trienales, programación científica 1998-2000, de la Universidad de Buenos Aires.

La investigación se orientó a partir de una hipótesis general que considera que las representaciones discriminatorias respecto de los extranjeros son encubridoras de la desigualdad social y económica o son funcionales a los conflictos de intereses al interior de las clases – es decir, están al servicio de las diferentes estrategias de supervivencia, principalmente en los sectores populares- o son instrumentales a los sectores del poder cuando el conflicto es entre clases. En otras palabras, estas representaciones pretenden desviar el conflicto desde el escenario de las desigualdades sociales y económicas, hacia el escenario de las diferencias nacionales y étnicas. Es por ello que se eligieron las migraciones coreana y paraguaya, dos comunidades con vínculos históricos y culturales con la población nativa muy diferentes, dos comunidades con una presencia cuantitativa y una participación en el sistema productivo cualitativamente distinta. Se intentó probar, entonces, que esto que llamamos desviación del conflicto es independiente de las características sociales, culturales y económicas de los migrantes externos.

(...) Se partió de las siguientes hipótesis generales:
“Las representaciones sociales discriminatorias respecto de los extranjeros tienden a construirse y desarrollarse entre los nativos que ven reducida o suprimida su participación en el sistema productivo, con más frecuencia que entre aquellos que no perciben su participación en riesgo, independientemente de la magnitud de la comunidad de extranjeros presentes en el sistema y de la existencia o no de vínculos concretos entre unos y otros”.
“Las representaciones sociales discriminatorias, portadoras de estigmas que señalan a los extranjeros como desviados de lo socialmente esperado, resultan de la necesidad de los nativos de ejercer el control social sobre aquellos para limitarlos en el ejercicio de su participación en el sistema productivo”. 

A partir de las hipótesis se plantearon los siguientes objetivos: 
* Identificar los contenidos estigmatizantes comunes y/o diferenciales en las representaciones acerca de los residentes paraguayos y coreanos.
 * Indagar en los contenidos estigmatizantes la configuración y los significados adquiridos por la antinomia normal-desviado.
 * Identificar la presencia o no de vínculos concretos (de vecindario, laborales, etc.), entre los nativos portadores de representaciones sociales discriminatorias y los extranjeros destinatarios de las mismas. En caso de la existencia de tales vínculos, describir los mismos y ubicarlos en el tiempo.
 * Identificar las representaciones sociales discriminatorias como una táctica de control social sobre paraguayos y coreanos con la que se espera obstaculizarlos en sus intentos de participación en el sistema productivo.

 Para dar cumplimiento a los objetivos se realizaron 68 entrevistas individuales semiestructuradas a población nativa residente en Capital y Gran Buenos Aires, de ambos sexos, entre 18 y 65 años de edad y económicamente activos. Entre los entrevistados, 10 de ellos eran desocupados, 6 ocupados precarios y el resto ocupados, tanto manuales como no manuales, de diferentes calificaciones, ramas de actividad, etc. 

Las entrevistas estuvieron a cargo de miembros del equipo de investigación, quienes las realizaron en lugares públicos (parques, plazas, etc.) eligiendo al azar a los entrevistados, pero respetando las condiciones muestrales que señalamos en el párrafo anterior (sexo, edad y condición ocupacional). De acuerdo a estos criterios y respetando la metodología de “saturación teórica de la muestra”, se configuró la siguiente muestra:

 * Nativos que mantengan o hayan mantenido algún tipo de vínculo con residentes de origen paraguayo o coreano. Ocupados: 22 entrevistados. Desocupados: 7 entrevistados.
 * Nativos que nunca mantuvieron vínculo alguno con residentes de origen paraguayo ni coreano. Ocupados: 30 entrevistados. Desocupados: 9 entrevistados.
 En los cuatro segmentos se entrevistó, aproximadamente, a mitad mujeres y mitad hombres. 
Se indagaron los contenidos representacionales de la población nativa respecto de los paraguayos y de los coreanos. Cuál es la visión que se tiene de ellos. Qué ideas y valores son los predominantes. Qué lugar ocupan, dentro de un continuo de normalidad-desviación, los hábitos, las costumbres y el lenguaje que se suponen son característicos de estas comunidades. La entrevista individual semi-estructurada, permitió aproximarse a la conversación ordinaria y rescatar a través del discurso los contenidos representacionales correspondientes. En otras palabras, este tipo de técnica cualitativa permitió reconstruir la visión del otro, en tanto significados que se le adjudican a sus prácticas discursivas y no discursivas.

 El carácter semi-estructurado y abierto de este tipo de entrevista, conlleva la necesidad de que los mismos investigadores sean los encargados de realizarlas. Se utilizó una guía de pautas como instrumento de registro orientador de la tarea, la cual fue ampliada o revisada a medida que se realizaron las entrevistas piloto. Se procedió a grabar el contenido de las mismas y realizar la posterior desgrabación.(...)

Otro objetivo que guió la tarea y mereció una propuesta metodológica complementaria a la ya mencionada, fue el siguiente: 
* Establecer simetrías y/o asimetrías discursivas entre las de representaciones sociales discriminatorias respecto de paraguayos y coreanos de la sociedad civil y las declaraciones públicas realizadas por representantes de diferentes grupos de poder, en relación a los extranjeros. 

A partir del análisis de entrevistas semi-estructuradas, las cuales contiene los discursos portadores de diferentes tipos de representaciones hacia los extranjeros este apuntó a rastrear a partir de dichas representaciones la posible vinculación entre el discurso oficial y el de la sociedad civil. El relevamiento discursivo en diarios permitió encontrar puentes vinculantes (retro-alimentación) con los discursos individuales surgidos de las entrevistas realizadas.
 El proceso de globalización de la producción y el consumo, en tanto generador de fragmentación social y acelerador del empobrecimiento de los sectores medios y populares, ha puesto en crisis las tradicionales estrategias de supervivencia, creando condiciones para el desarrollo de conflictos, no solo entre clases sociales sino al interior de éstas. A estas condiciones se agregó, en los últimos años en nuestro país, la presencia de un discurso oficial estigmatizador que aludía a la presencia de extranjeros indocumentados, como factor causante de la desocupación existente o de buena parte de ella y de la inseguridad social principalmente en el conurbano bonaerense. 

Esta preocupación surgió durante el desarrollo del proyecto y consideramos enriquecedor plantearla, de manera tal de poder caracterizar y periodizar la temática relativa a los inmigrantes recientes en la prensa gráfica, durante el lapso 1994-2000. Elegimos la prensa gráfica en tanto medio a través del cual se hace visible el discurso oficial, en otras palabras, el pensamiento de autoridades y funcionarios públicos respecto de los inmigrantes recientes. 
La fuente de información utilizada fue el diario Clarín, dado que se trató del medio gráfico que más espacio destinó a noticias vinculadas con los inmigrantes indocumentados y al debate provocado en torno a ellos. Se registraron todos los artículos, declaraciones, noticias, etc. del período 1994-2000 que aludieran a los extranjeros residentes en nuestro país. Se determinó 1994 como año de inicio debido a que fue en el que se instaló dicho discurso oficial, coincidente con las primeras manifestaciones de crisis del modelo económico iniciado en 1991 y basado en la convertibilidad de la moneda y las privatizaciones de bienes y servicios del estado nacional. 

Toda la información periodística seleccionada fue clasificada en un grillado especialmente diseñado que ordenó dicha información por año y emisor del discurso, a partir del cual se llevó a cabo el correspondiente análisis de contenido.

Conclusiones Generales 
Para la población nativa, los migrantes recientes –definidos como aquellos que llegaron durante el último cuarto de siglo- provenientes de países limítrofes, no vienen a trabajar ni a mejorar sus condiciones de vida con su propio esfuerzo. En paralelo a esta visión se constituye un discurso que define particularmente al paraguayo como un trabajador “barato”. Son humanos más baratos porque valen menos, en cierta medida, humanos de calidad inferior, o dicho en otros términos, “menos” humanos capaces de “hacer el «laburo» que los argentinos no quieren hacer” (porque no es trabajo digno de humanos) y, a igualdad de tareas, “trabajar por menos plata de lo que trabajan los argentinos”, pues al no haber equivalencia de humanidad, tampoco la puede haber remunerativa. Son los “otros”, son esos extranjeros de baja calificación laboral y adheridos a costumbres contrarias y desviadas de lo que se espera. Son los parásitos, son aquellos seres que viven a expensas de otro, que quitan y que no aportan. 

La mirada hacia los coreanos también conlleva atributos que los definen como diferentes-desviados, pero no se trata de una desviación que los inferioriza que los ubica como trabajadores baratos, de escaso valor, como el caso de los paraguayos, sino desviados por utilizar códigos, procedimientos, valores éticamente rechazables. Si bien hay un reconocimiento de lugar cercano, próximo, en el caso de la comunidad paraguaya, se adopta un distanciamiento basado en un tipo de discriminación en torno a la inferiorización y subestimación del otro. Respecto de la comunidad coreana se la ubica en el lugar de lo exótico, lejano, volviéndose la diferencia irreconciliable y profundizándose la discriminación ya sea que opere por rechazo o sobre-estimación. Si bien los atributos con los que se construyen las representaciones hacia coreanos y paraguayos son diferenciales, el lugar que desde los discursos analizados se le asignan a unos y otros es coincidente. Es un lugar que resulta de una nueva lógica que ha permitido diluir, opacar la confrontación entre desiguales, entre rivales o enemigos en la lucha por la distribución de la riqueza, y reemplazarla por la confrontación entre nativos y extranjeros, entre normales y desviados, entre nosotros y los otros. No es un otro cualquiera, no es solo diferente, es fundamentalmente desviado y en tanto tal portador de un estigma que lo diferencia. Si bien el conflicto está instalado, no es por la apropiación del poder ni por la riqueza distribuidos a partir de condiciones de desigualdad, sino por la apropiación de territorios de supervivencia entre los más vulnerables y según criterios de normalidad. 

Resulta significativo destacar, también, la presencia de un fenómeno que llamamos de retroalimentación entre el discurso de la sociedad civil y el discurso oficial. Este fenómeno genera condiciones para la politización de la xenofobia, a partir de la naturalización del proceso de retroalimentación discursiva. En otras palabras, el tomar como natural y dado el discurso discriminatorio en el discurso oficial así como en el de la sociedad civil, genera condiciones que permiten aceptar una forma de construcciones de relaciones con un “otro diferente” desde una perspectiva prejuiciosa y discriminatoria. Cuando esta naturalización a su vez es empleada como instrumento político, lindamos con el escabroso terreno de la politización de la xenofobia. 

Es de sumo interés para nosotros comprobar esta “coincidencia” estratégica entre el discurso oficial y el discurso popular. Ambos se retroalimentan encontrando en el extremo opuesto —y no en verificación alguna— su ratificación. La simetría discurso oficial– discurso popular se constituye en torno a dos ejes. El primero referido a la falta de contrastación con la realidad: el discurso oficial no toma en cuenta los datos que desde el mismo poder se producen, desconoce que el aproximadamente 15% de desocupación en Buenos Aires y GBA no puede ser producido por el 1,5% de migrantes de países limítrofes que forman parte de la PEA. El segundo eje de coincidencias se constituye en torno al trabajo y la seguridad. 

Otro resultado de interés ha sido encontrar que el pasado y el presente migratorio de la Argentina son percibidos con cargas valorativas muy diferenciadas: las migraciones tradicionales (migrantes externos llegados en los primeros 50 o 60 años del siglo XX) son portadoras de atributos positivos que las involucran con nuestro origen como nación, que las vinculan a nuestra propia identidad nacional; sin embargo, las migraciones recientes expresan lo que no debe ser, aquello que inferioriza o denigra a quien lo porta. La inmigración reciente proyecta en el imaginario colectivo actual, la idea de una vuelta a la barbarie, de una vuelta a algún período pasado y sombrío, en contraposición a la vivencia que provocan las primeras inmigraciones, asociadas a la idea de progreso y bienestar, en otras palabras, a la idea de civilización. 

Formando parte de los diferentes discursos se encuentra un variado conjunto de conceptos, que califican tanto a un tipo de migración como a la otra. La confrontación de ambos perfiles determinados representaciones sociales distantes y antagónicas, que advierten acerca de que la percepción de la extranjeridad no es uniforme. Coexiste un discurso generoso en reconocimiento al otro, gratificador de ese pasado rico en presencia de extranjeros con un discurso descalificador y crítico de la existencia de nuevos extranjeros. La noción de extranjeridad no puede ser entendida sino al interior de este espacio que resulta de la coexistencia, en términos de confrontación, de ambos discursos. El pasado tiene que ver con la memoria, con el relato, no se expresa dinámicamente con el ahora, sin embargo el presente es interacción, es vivencia, es lo cotidiano. 

(...)Todos los elementos hasta aquí señalados se conjugan, aun cuando contradictoriamente, para dar forma a una construcción estigmatizante del “otro”, haciéndolo responsable de los peores males que padecemos. Y como expresión patética de esta construcción, el mensaje dado desde el mismo poder termina institucionalizando, naturalizando, cada una de las representaciones sociales discriminatorias de la población nativa hacia los extranjeros. Así, las representaciones sociales discriminatorias están inscriptas en relaciones de poder que contribuyen a la producción y reproducción de un orden social de dominación, en donde el mismo discurso discriminatorio actúa legitimando y siendo el sustento portador de racionalidad para dichas prácticas de poder. 


La estrategia de investigación 

El término estrategia lo utilizaremos aquí según uno de sus significados, como destreza o habilidad para la resolución de alguna cuestión. Por lo tanto, entendemos la estrategia de investigación como la instancia por medio de la cual el investigador apela a sus recursos teóricos y metodológicos, entendidos como expresión de sus saberes y habilidades, y así traza el camino que recorrerá para dar respuesta a sus preguntas.

En la estrategia se condensan:
Respecto de quién se lo hará (las unidades de análisis y cómo se seleccionarlas)
¿Qué es lo que se ha de investigar? (variables, su construcción y mutua relación).
Cómo se obtendrá la información (las fuentes primarias o secundarias y su tratamiento cualitativo o cuantitativo).
Cómo se realizará el análisis de los datos producidos (los enfoques o modelos a utilizar y las técnicas cualitativas, cuantitativas o la combinación de ambas).


Unidad de análisis
Son los sujetos u objetos de estudio, son aquellos a quienes investigamos, pueden ser personas, cosas o productos de las personas. La pregunta para definir la unidad de análisis sería ¿quiénes forman parte de la realidad que investigo?
El conjunto o la sumatoria de las unidades de análisis que el investigador tiene en cuenta para su investigación compone el universo. 


Variables y categorías
Como vimos, las hipótesis planteadas por el investigador para estudiar el universo elegido, están compuestas por variables. Se entiende, en general, por variable a las características o propiedades cualitativas o cuantitativas que presentan las unidades de análisis. 

Por ejemplo, el color de pelo, el color de ojos, el sexo, la edad, la altura  o la opinión sobre un tema determinado pueden ser variables de un individuo (unidad de análisis).

Al valor que adopta cada una de las variables se lo denomina categorías.

Veamos un ejemplo: Un investigador contratado por un partido político debe realizar un estudio acerca de la opinión de las personas en condiciones de votar, que viven en la provincia de Buenos Aires, sobre la actuación del gobierno de esa provincia.

El universo que tiene en cuenta el investigador para llevar adelante su trabajo investigativo es el de todas las personas que viven en la provincia de Buenos Aires y están en condiciones de votar.

Las unidades de análisis sobre las cuales va a aplicar su instrumento de recolección de dato es cada uno de los individuos que componen ese universo. 

La variable fundamental para su estudio es la opinión de las personas, que integran su universo, sobre la actuación del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, y los valores (o categorías) que pueden asumir esta variable son: buena, regular, o mala.


Operacionalización de las variables

Dijimos anteriormente que las hipótesis eran el instrumento que utiliza el investigador para establecer un enlace entre la teoría de la cual parte la investigación y la indagación empírica que confirmará, reformulará o anulará los sistemas teóricos. Pero para ello, se requiere que el investigador trabaje con los datos extraídos directamente de la realidad social objeto de estudio. Por lo tanto, será necesario operacionalizar las hipótesis conceptuales con el fin de hacer descender el nivel de abstracción de las variables y poder manejar sus referentes empíricos. 

El proceso de operacionalización, es por lo tanto, el proceso por el cual se desglosan, a través de un proceso de deducción lógica, las variables en dimensiones (que se encuentran en un nivel de abstracción intermedio) y éstas a su vez en indicadores (que son la expresión más concreta y observable de la variable).

Para entender el esquema de operacionalización veamos un ejemplo. Una variable con importante nivel de abstracción es el nivel socioeconómico de las personas; una posible operacionalización sería:



Instrumentos de recolección de datos

Las técnicas y los instrumentos de recolección de datos son las herramientas mediante las cuales el investigador decide acercarse a la realidad social para recabar información.

Según la técnica y los instrumentos que utilice, su investigación adoptará un carácter cuantitativo o cualitativo. 

Los instrumentos utilizados por la la metodología cuantitativa ponen el énfasis en la cantidad de datos obtenidos. Los instrumentos utilizados por la metodología cualitativa, en cambio, priorizará la calidad de los datos. 


Métodos cuantitativos

Los métodos cuantitativos permiten mediciones más precisas, mientras que los métodos cualitativos posibilitan un examen más directo de las motivaciones, actitudes y comportamientos de los individuos. Actualmente ambas metodologías, al margen de los diferentes paradigmas y posiciones de las que parten, se consideran compatibles y complementarias en la investigación de los problemas sociológicos.

Los métodos cuantitativos defienden la aplicación de los objetivos, conceptos y métodos de las ciencias naturales a las ciencias sociales. La realidad es externa al individuo y se debe conocer, predecir y controlar a través de la observación y experimentación de los fenómenos. Los métodos cuantitativos responden pues a una realidad positivista, orientada hacia la generalización los resultados. 

La encuesta es una de las técnicas más utilizadas en las investigaciones cuantitativas. Se usa para obtener información de una muestra de individuos. Esta “muestra” suele ser sólo una fracción de la población bajo estudio. Las encuestas pueden efectuarse de muchas maneras, por teléfono, por correo o en persona.   

Por ejemplo, antes de una elección, una muestra de electores es interrogada para determinar cómo los candidatos son percibidos por el público. Otro ejemplo, un fabricante hace una encuesta al mercado potencial antes de introducir un nuevo producto. 


Métodos cualitativos

Se trata de una investigación que produce datos descriptivos, utiliza las propias palabras habladas o escritas de las personas (su propia interpretación), se realiza en escenarios naturales y vistos desde una perspectiva holística. Los sujetos investigados no son meras variables, sino que constituyen un todo: el investigador cualitativo estudia el contexto ecológico en el que evolucionan los sujetos así como su pasado. 

Como limitaciones de esta metodología, desde una perspectiva cuantitativa, se critica el carácter subjetivo de la misma y la posibilidad de que las observaciones e informes de los sujetos puedan estar sesgados o incompletos. Se señala que, al no ser la generalización un objetivo esencialmente relevante para esta metodología, se corre el riesgo de que el investigador observe y analice las diversas situaciones desde su propio marco referencial, lo que a su vez puede conducir a conclusiones incontrolables y subjetivas y no a una teoría científica.

Las técnicas de recolección de datos más utilizadas en las investigaciones cualitativas son la entrevista en profundidad y la observación. La primera consiste en reiterados encuentros cara a cara entre el investigador y los informantes, encuentros dirigidos hacia la comprensión de las perspectivas que tienen los informantes respecto de sus vidas, experiencias, situaciones, etc. Por su parte, la observación consiste en utilizar los sentidos para observar  los hechos, realidades sociales y a las personas en su contexto cotidiano. Para que dicha observación tenga validez es necesario que sea intencionada e ilustrada (con un objetivo determinado y guiada por un cuerpo de acontecimientos).


Actividad 2
Ejercicio 1: Del siguiente cuadro identificá las variables, sus respectivas dimensiones y la unidad de análisis a las que hace referencia.



Ejercicio 2: A partir del siguiente artículo periodístico publicado en Página 12 (26/08/2006) “Dignifica pero no alimenta”, señalá:
1. ¿Cuál es la unidad de análisis en la que se concentra el artículo?
2. Elabora  una lista de las principales variables utilizadas para caracterizar a dicha unidad de análisis. Indicá sus respectivas dimensiones.

ECONOMIA › EL 22 POR CIENTO TIENE TRABAJO PERO ES POBRE
Dignifica pero no alimenta

Un estudio revela que más de tres millones de empleados no logran acceder a una canasta familiar de bienes y servicios con sus ingresos. Empleos parciales y mal pagos en diversos rubros.
Por Fernando Krakowiak

Desde mediados de los ’90, el incremento de la pobreza ha sido percibido como una consecuencia directa de la suba del desempleo. Sin embargo, a medida que el índice de desocupación comenzó a bajar quedó demostrado que poseer un empleo no es condición suficiente para salir de la pobreza. Un informe reciente elaborado por la Sociedad de Estudios Laborales (SEL) detalla que en el segundo semestre del año pasado, más de 22 por ciento de los ocupados pertenecía a un hogar pobre, sin contar a los beneficiarios de los planes sociales. Son más de tres millones de empleados con ingresos que no les permiten acceder a una canasta básica de bienes y servicios. A continuación se detalla cuáles son las ocupaciones de los trabajadores pobres.

El ranking es liderado por los empleos donde la informalidad tiene una incidencia superior al 70 por ciento. En primer lugar se ubican los trabajadores domésticos, en su gran mayoría mujeres, quienes representan el 12 por ciento de los ocupados pobres. Luego siguen vendedores ambulantes (7,7), albañiles (5,8), operarios no especializados de la industria (4,6) y ayudantes de la construcción (4,3 por ciento).

Esto se produce porque, desde la devaluación, la recomposición de los ingresos de los trabajadores “en negro” ha sido mucho más lenta que la de sus pares del mercado formal. El Indice de Salarios elaborado por el Indec muestra que desde el período octubre-diciembre de 2001, el sector privado registrado incrementó su ingreso 107 por ciento, mientras que el no registrado sólo logró un 45 por ciento, situación que llevó a una ampliación de la brecha existente antes de la devaluación.

No obstante, el informe de SEL, consultora dirigida por el economista Ernesto Kritz, destaca que una proporción no despreciable de los asalariados pobres es formal e incluso con buen nivel de calificación. Tal es el caso, por ejemplo, de ciertos operarios especializados de la industria, los docentes y los enfermeros.

Los obreros calificados de la industria manufacturera aportan un 4,4 por ciento al total de ocupados pobres, casi el mismo porcentaje que los no calificados mencionados más arriba. Mientras que las ocupaciones vinculadas con la salud, la educación y otros servicios comunales y sociales representan un 5,9 por ciento de los ocupados pobres. Este rubro incluye no sólo a enfermeros y docentes (2,4), sino también a los empleados administrativos que suelen desempeñarse en escuelas y hospitales (2,3). Mientras que en servicios comunales y sociales, contempla a las personas que se dedican al mantenimiento de espacios públicos (1,2 por ciento).

En la mayoría de los casos, estos empleados son pobres porque trabajan menos de las 35 horas semanales que implica una jornada completa (entre los operarios registrados de la industria, por ejemplo, la mitad está en esta situación), pero por lo general lo que les impide llegar a adquirir la canasta básica de bienes y servicios son los bajos salarios. En este último caso, que puede incluir hasta un 20 por ciento de los trabajadores pobres, es probable que la elevación del salario mínimo y el aumento de los salarios básicos de convenio acordados en el primer trimestre de este año haya servido para mejorar su situación, pues el informe de SEL contempla la evolución de los ingresos hasta fines del año pasado. No obstante, el mantenimiento de niveles de pobreza superiores al promedio de la década del 90, en un contexto de menor desempleo, revela que estos instrumentos no están siendo suficientes para resolver el problema.


¿Cómo se organiza toda la investigación?

Mediante una representación gráfica se presenta el panorama metodológico completo que muestra la forma en que se organiza todo el proceso de investigación y los aspectos metodológicos esenciales que guían el trabajo del investigador. Es importante la claridad y precisión en esta cuestión porque da cuenta del posicionamiento del investigador y de su trabajo en el mapa metodológico de la investigación científica.





Usá el método científico. Probando varias veces, llegarás a la verdad. (Marco Tulio Cicerón)

sábado, 14 de octubre de 2017

Viernes 20 parcial


Evaluamos el viernes 20. Temas: * Anomia (Robert Merton) * Desviación (Howard Becker) * Crisis de representación * Nuevos movimientos sociales. Optativo: la nota sobre la quema de comisarías en 2002. Está todo en el blog.

ESTUDIEN.

Besis.

lunes, 9 de octubre de 2017

Crisis de Representación

Crisis de Representación


En 2001 Argentina atravesaba la crisis económica y política más importante de su historia. El quiebre del tejido social, la desesperanza y la crisis de representatividad política hicieron tambalear al sistema democrático y miles de personas salieron a las calles a manifestarse contra un sistema que arrojaba al pueblo a la miseria y la desocupación.

Crecía la imagen del presidente De la Rúa como incapaz,  inoperante y "gagá". La Alianza (una coalición electoral encabezada por el radicalismo) se había presentado como lo opuesto a la corrupción menemista en las elecciones presidenciales de 1999. Sin embargo, su imagen se deterioró después de la renuncia del vicepresidente "Chacho" Álvarez por un escándalo de coimas en el Senado. Lo que es peor, la política económica de De la Rúa era fundamentalmente una continuación de la de Menem, con lo que siguieron aumentando la desocupación, pobreza e indigencia.

El 25% de la población activa estaba desocupada o subocupada; la economía, en recesión desde 1998, había caído un 14% hasta el 2001; la pobreza superaba el 35%; el gobierno ya no conseguía financiamiento para hacer frente a los intereses de una enorme deuda externa (180 mil millones) que había crecido como bola de nieve desde la dictadura y se sucedían los negociados como el “Blindaje” (nos endeudamos por 40 mil millones para que nos sigan prestando plata) o el “Megacanje” (nos patean vencimientos de deudas pero nos endeudamos 55 mil millones más). La política de déficit cero fracasaba por la caída abrupta del consumo y el menor ingreso fiscal. La ministra de Trabajo, Patricia Bullrich, recortó 13% las jubilaciones y los salarios de estatales como medida de ajuste más recordada.
                     
La elección legislativa de 2001 se caracterizó por el llamado “voto bronca”, a través del cual una buena parte de la ciudadanía manifestó su enojo con la clase política, en general, y con el gobierno de De la Rúa en particular. Durante la campaña electoral, los medios de prensa y algunas organizaciones ciudadanas convocaron a la abstención, al voto en blanco o a la anulación del voto. Sumando los electores que se abstuvieron de votar y aquellos que votaron en blanco o anularon su voto, el 43% del electorado habilitado para votar manifestó su repudio no sólo al gobierno, sino al resto de las fuerzas políticas. Esta conducta electoral era una manifestación contundente de la crisis de representación y contribuyó, sin duda, a disminuir la legitimidad de las autoridades elegidas. La ciudadanía desconfiaba de los partidos políticos (peronismo y radicalismo eran vistos como corruptos y responsables de la situación económica) y de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, percibidos como igualmente pervertidos e incapaces.

"No me convence ningún tipo de política
Ni el demócrata ni el fascista
¿Por qué me tocó ser así?
Ni siquiera anarquista
-"El Revelde", La Renga

Después de la derrota electoral, la credibilidad del gobierno de De la Rúa prácticamente había desaparecido. La situación económica se deterioraba día a día. Durante la última semana de noviembre de 2001, más de mil millones de dólares fueron sacados de los bancos por los ahorristas. 

En esa situación, algunos bancos comunicaron al gobierno que no resistirían la corrida. El 1 de diciembre, De la Rúa y su entonces ministro de Economía y autor de la convertibilidad, Domingo Cavallo, anunciaron el “Corralito” que limitó las extracciones de dinero a $ 250 semanales para evitar la fuga de capitales y el colapso bancario.

Esta medida resultó ser mucho más impopular que una devaluación y causó una furia popular, expresada con cacerolazos masivos. La ciudadanía no sólo condenaba a la clase política y sus malas decisiones, sino que puso en jaque al propio Congreso y a la Corte Suprema de Justicia.

La protesta más fuerte fue la del 19 de diciembre, cuando De la Rúa, mediante un discurso, declaró el estado de sitio (la suspensión de las garantías constitucionales, como el derecho a reunión y manifestación), lo que aumentó el malestar. Apenas terminó la emisión del discurso, la gente salió de sus casas a golpear cacerolas. La gente comenzó a reunirse en las esquinas y espontáneamente comenzaron a caminar rumbo al centro. Un gran cacerolazo había comenzado. A la madrugada la Plaza de Mayo se había llenado de gente que coreaba una consigna: “¡Que se vayan todos!”

Otro importante elemento de desestabilización fue la ola de saqueos (robos masivos a supermercados, asaltos a camiones en la ruta, robos en comercios) de diciembre de 2001, frecuentemente atribuidos -por lo menos en parte- a las patotas del PJ bonaerense de Duhalde.

El día 20 se desarrollaban marchas en la Capital y las fuerzas policiales reprimían duramente a los manifestantes, causando 39 muertes en esos dos días. Mientras esto sucedía el gobierno decidió la renuncia del ministro Cavallo. Al atardecer de aquel día, el Presidente se dirigió otra vez a la sociedad a través de la cadena nacional para dar a conocer su renuncia. Pocos minutos después, la televisión transmitía la huida de De la Rúa desde la terraza de la casa de gobierno a bordo de un helicóptero.

Hundidos en la crisis, más de la mitad de los argentinos cayeron en la pobreza y el desempleo alcanzó al 24% de la población. Esto desató motines urbanos, sobre todo en Buenos Aires, pero también en Córdoba y en Rosario.

Luego de la renuncia de De la Rúa, y después del paso de Puerta, Rodríguez Saa y Caamaño por la presidencia, fue Eduardo Duhalde quien se hizo cargo del gobierno. Desde enero de 2002 la economía comenzó a reactivarse gracias a la devaluación (se derogó la ley de convertibilidad en enero de 2002), que abarató la producción e hizo subir los precios de las materias primas.

Pero la represión, seguida de muerte, encargada por el Ejecutivo contra manifestantes –con los asesinatos de Kosteki y Santillán- en el puente Pueyrredón, protagonizó la llamada Masacre de Avellaneda, que obligó a Duhalde a llamar a elecciones precipitadamente. En mayo de 2003 Néstor Kirchner llegaba a la presidencia.


domingo, 8 de octubre de 2017

Movimientos sociales: piqueteros, empresas recuperadas y asambleas barriales

Movimientos sociales: piqueteros, empresas recuperadas y asambleas barriales


Los nuevos movimientos sociales en la Argentina reflejaron los esfuerzos de reconstrucción de los lazos sociales a través de nuevas formas de organización, sobre todo en la primera mitad de la década de 2000. 

Los movimientos aquí estudiados se asocian a la llamada "economía social", un espacio público donde el trabajo no se intercambia sólo por remuneraciones monetarias.

La pobreza y el desempleo constituyeron en la época de la crisis el núcleo de deslegitimación del sistema económico, lo que el normal funcionamiento de la economía de mercado no pudo resolver. Como contrapartida, los movimientos sociales obtuvieron buena parte de su legitimidad mostrando, de cara a la sociedad, soluciones originales para la pobreza y el desempleo por fuera del sistema económico institucionalizado.

La respuesta estatal fue desplazar el problema del empleo al ámbito de la política social, mediante la implementación de subsidios masivos a jefes y jefas de hogar desocupados.

Tres movimientos sociales que representaron diferentes respuestas frente al fracaso del sistema político y el desmoronamiento económico de 2001 son los piqueteros, los trabajadores de empresas recuperadas y las asambleas barriales.

1. Los piquetes
Los movimientos de desocupados estaban conformados por varias decenas de grupos que respondían a orientaciones políticas diferentes: algunas se vinculaban con partidos políticos o centrales sindicales; otros privilegiaban su autonomía con respecto a los mismos; otros seguían a líderes populistas. De este modo, una misma denominación, piqueteros, recubre orientaciones muy distintas, más allá de su enorme impacto político y sobre todo mediático.

En esta presencia incidieron, sin duda, sus dimensiones. Según estimaciones de los propios grupos piqueteros, su capacidad de movilización agregada -la de todas las organizaciones que agrupaban a los desocupados- llegó a más de 100.000 personas en todo el país. Sin embargo, esta cifra empalidece frente a los varios millones de desocupados y subocupados, por lo que más que su dimensión, fue la acción misma de los piquetes la que explicó su visibilidad: los cortes de ruta alcanzaron un fuerte efecto político, multiplicado a través de los medios de comunicación.

Aunque algunos grupos piqueteros se limitaban sólo a sostener estos reclamos, otros destinaron los recursos hacia actividades diversas, desarrollando durante varios años acciones de alcance más vasto en las comunidades en las que estaban implantados territorialmente: merenderos y comedores, centros educativos y, sobre todo, emprendimientos productivos en los que volcaban los subsidios y alimentos obtenidos a través de las movilizaciones, como el desarrollo de huertas comunitarias, la venta directa de la producción a través de redes de comercialización alternativas, la elaboración y manufactura artesanal e industrial de productos frutihortícolas, panaderías, tejidos y confecciones artesanales e industriales, entre otras. De este modo, los cortes de ruta constituyeron sólo la punta (mediática) del iceberg de una construcción social mucho más compleja.

La organización de estas actividades económicas adquirió formas autogestionarias y cooperativas. Algunos planteaban enfoques distributivos radicales y rechazaban la generación de ganancia, o bien distribuían estas gananacias entre los productores y sus familias. Aunque esto pueda ser discutible en términos filosóficos, tuvo efectos prácticos considerables sobre la movilización permanente de los piqueteros: si los proyectos productivos autogestionados no generaban condiciones de sustentabilidad económica en el mediano y largo plazo, se reproducían las condiciones para seguir reclamando subsidios y recursos al Estado.

Otros grupos de desocupados, por el contrario, se enfocaban en el desarrollo de proyectos autogestionados sustentables en el tiempo. Un ejemplo fue un grupo piquetero del sur del Gran Buenos Aires que nucleaba una amplia red conformada con familias de desocupados, incluyendo migrantes indígenas provenientes del norte de la provincia de Santa Fe. Centrados en la producción frutihortícola en la zona de quintas que proveen buena parte del consumo de alimentos frescos a la ciudad de Buenos Aires, estos trabajadores buscan desarrollar emprendimientos sustentables, donde la generación de ganancia asegura el mantenimiento y expansión económica de su producción, de modo de alcanzar la independencia de los subsidios oficiales. En relación con este objetivo, la participación en piquetes es un medio de obtención de recursos para los emprendimientos autogestionados, y no un fin en sí mismo.

Aunque entre los distintos grupos piqueteros este debate es incipiente, se constata que todos ellos, incluso los vinculados con partidos políticos, se vuelcan progresivamente al desarrollo de emprendimientos productivos.

2. Los trabajadores de empresas recuperadas
Hacia mediados de los años noventa comenzaron a registrarse movimientos de trabajadores que intentaban reactivar empresas paralizadas, las que presentaban rasgos comunes: habían sido afectadas por la importación (frigoríficos, textiles, tractores, acoplados, metalúrgicas, plásticos, etcétera) y se encontraban en proceso de quiebra, convocatoria de acreedores o abandonadas por los empresarios. Los trabajadores eran acreedores o damnificados, ya que en general la crisis de cada empresa fue precedida por la ruptura de los contratos de trabajo, traducida en disminuciones de sueldos y salarios, pago en vales, etc. La recuperación de las empresas supuso la transición hacia un nuevo régimen jurídico en el que los trabajadores tomaron a su cargo la producción, estableciendo acuerdos con proveedores y/o clientes que les aseguraron un cierto capital de trabajo, y fijaron una retribución mínima para su trabajo.

En la mayoría de las empresas recuperadas se constata en el principio una deserción empresaria, que puede ser parcial o total. Si es parcial, es posible que los anteriores propietarios se mantengan como asociados en la nueva forma jurídica que adopte la empresa. Estas formas son variadas, aunque entre ellas prevalecen las cooperativas, pero también figuras más tradicionales como la participación accionaria en sociedades anónimas. En cualquiera de estas formas los trabajadores deben tomar a su cargo la gestión, por lo que deben redefinir su rol dependiente y subordinado en el contrato y la organización del trabajo.

En la crisis económica de 2001, la recuperación de empresas fue percibida como una respuesta adecuada para sostener los esfuerzos productivos de la sociedad.

Los trabajadores que recuperaron empresas replantearon la jerarquía relativa del derecho al trabajo y de la propiedad privada. Frente a los valores de la sociedad mercantil que privilegian el derecho de propiedad, los trabajadores erigen como central el derecho al trabajo. Anteponen la necesidad de preservar las fuentes de trabajo frente a las rutinas de quiebra y liquidación de bienes productivos que prevalecen en el derecho mercantil.

Unas pocas empresas -alrededor de 150- dispersas en el territorio, diversas por sus actividades y por las tradiciones políticas de los diez mil trabajadores que agrupan, pusieron en cuestión el conjunto del sistema de relaciones laborales. Al asumir la autogestión en unas pocas empresas, los trabajadores cerraron el juego a una carta muy importante para los empresarios en la negociación colectiva: éstos ya no podían apelar al cierre del establecimiento como instrumento de presión sobre los trabajadores, quienes, ante la amenaza, podían contestar ahora con la posibilidad de ocupar y autogestionar las empresas en dificultades. De allí que no cabe medir la fuerza del movimiento de empresas recuperadas exclusivamente en términos de su dimensión -reducida- sino en términos de sus efectos culturales, políticos y sociales más amplios.

3. Las asambleas barriales
La respuesta más novedosa de quienes optaron por la voz y la protesta ante el colapso institucional de 2001 fue la de quienes organizaron espontáneamente las asambleas barriales en Buenos Aires, en varios partidos del conurbano y en ciudades del interior del país como La Plata, Mar del Plata, Rosario y Córdoba.

Las asambleas barriales expresaron las capacidades de autoorganización de la sociedad, de construir y regenerar lazos sociales, que no fueron reconocidas en la cúspide del sistema político, donde se las entendió como un factor de inestabilidad por su capacidad de controlarlas o canalizarlas en los aparatos políticos. Estas nuevas formas de apropiación del espacio público ciudadano, impulsadas por la utopía de realización de una democracia directa (la decisión directa de los ciudadanos sobre las medidas a tomar), cuestionaron las formas de representación de la democracia delegativa (la elección de representantes, como en el actual sistema político).

Las nuevas modalidades de protesta social propusieron otras formas de ocupación del espacio público y también de acceso a los servicios públicos. En las asambleas barriales las medidas de acción directa y de reclamo a los poderes públicos se combinaron y se establecieron en tensión con cuestiones y necesidades locales, como las vinculadas con la provisión de insumos para los hospitales, con compras comunitarias o con la creación de huertas orgánicas, pequeños emprendimientos y bolsas de trabajo para desocupados.

Las asambleas barriales fueron generando emprendimientos productivos autónomos y apuntaron a intervenir en el plano económico y social, a través del desarrollo de experiencias de una nueva economía, que buscó nuevas respuestas para resolver la crisis de los sistemas educativo, de salud, etcétera. Aportaron un factor importante para el desarrollo de la economía social y solidaria: la politización de la esfera de la reproducción social, del consumo y la distribución de bienes y servicios, factor presente también en las empresas recuperadas por sus trabajadores y en las actividades de los grupos piqueteros.

*Adaptado de: Palomino, Héctor: Los Movimientos Sociales (2004)

viernes, 29 de septiembre de 2017

Howard Becker – “Outsiders” (marginales) (1963) Caps. 1 y 2.

Howard Becker – “Outsiders” (marginales) (1963) Caps. 1 y 2.



Cap. 1
Todos los grupos sociales establecen reglas que definen las situaciones y comportamientos considerados apropiados, diferenciando las acciones correctas de las equivocadas y prohibidas. Cuando la regla debe ser aplicada, es posible que el supuesto infractor sea visto como una persona especial, un outsider, un marginal. Pero la persona etiquetada como outsider quizá no acepte las reglas por las que está siendo juzgada. El grado de marginalidad de una persona depende de cada caso. Alguien que comete una infracción de tránsito o bebe de más en una fiesta no nos parece demasiado diferente a nosotros mismos. El ladrón ya nos parece menos semejante a nosotros y lo castigamos. Para Becker, los crímenes como asesinato o violación nos hacen ver al infractor como un verdadero marginal.

Definiciones de la desviación
Nuestro primer problema es construir una definición de desviación. La visión más simplista de la desviación es esencialmente estadística, y define como desviado todo aquello que se aparta demasiado del promedio. Ser zurdo o pelirrojo podría ser considerado una desviación. La definición estadística de la desviación está totalmente alejada de la preocupación por la violación a la norma. La homosexualidad era considerada una enfermedad porque la norma social es la heterosexualidad. La metáfora médica limita nuestra visión tanto como el enfoque estadístico. Acepta el juicio lego (no experto) de que algo es desviado y, por analogía, sitúa su origen en el interior del individuo, impidiendo de esa manera que podamos analizar ese juicio mismo, ese etiquetamiento, como parte crucial del fenómeno.

En la práctica es muy difícil discriminar lo que es funcional de lo que es disfuncional para una sociedad o grupo social. También deberían ser consideradas como políticas las decisiones acerca de qué leyes hay que aplicar, qué comportamientos se considerarán desviados y quiénes deben ser etiquetados como marginales. Al ignorar el aspecto político del fenómeno, la visión funcional de la desviación también limita nuestra comprensión.

Otra de las perspectivas sociológicas es más relativista. Define la desviación como el fracaso a la hora de obedecer las normas grupales. Una vez que las reglas son explicadas a sus miembros, podemos señalar si una persona las ha violado y es, por lo tanto, un desviado. Esta visión es más cercana a la de Becker. Una sociedad está integrada por muchos grupos, cada uno de los cuales tiene su propio conjunto de reglas, y la gente pertenece a muchos grupos simultáneamente. Una persona puede romper las reglas de un grupo por el simple hecho de atenerse a las reglas de otro. ¿Es entonces una persona desviada?

La desviación y la respuesta de los otros
La visión sociológica define la desviación como la infracción a un tipo de norma acordada. Luego se pregunta quién rompe las normas, y pasa a indagar, en su personalidad y situaciones de vida, las razones que puedan explicar dichas conductas. Esto implica presumir que quienes violan una norma constituyen una categoría homogénea, pues han cometido el mismo acto desviado. Para Becker esta presunción ignora el hecho central: la desviación es creada por la sociedad. No se refiere a lo que se pueden llamar “factores sociales”, sino a que los grupos sociales crean la desviación al establecer las normas cuya infracción constituye una desviación y al aplicar esas normas a personas las etiquetan como marginales. Es desviado quien ha sido exitosamente etiquetado como tal, y el comportamiento desviado es el que la gente etiqueta como tal. La desviación es una consecuencia de la respuesta de los otros a las acciones de una persona. Algunas personas pueden llevar la etiqueta de desviados sin haber violado ninguna norma, puesto que el proceso de etiquetamiento no es infalible. Al mismo tiempo, muchos infractores pasan inadvertidos y por lo tanto no son incluidos en la población de desviados. ¿Qué tienen en común quienes llevan el rótulo de la desviación? Fundamentalmente, que comparten ese rótulo.

Que un acto sea desviado depende de la forma en la que las demás personas reaccionan ante él. El grado en el que un acto será tratado como desviado depende también de quién lo comete y de quién se siente perjudicado por él. Las reglas suelen ser aplicadas con más fuerza sobre ciertas personas que sobre otras. Los procesos legales contra jócenes de clase media no llegan tan lejos como los procesos de jóvenes de barrios pobres, dice Becker. Cuando es detenido, es menos probable que el joven de clase media sea llevado hasta la estación de policía, menos que sea fichado, menos que sea condenado y sentenciado. Lo mismo en los casos de delitos cometidos por empresas. Algo similar sucede con el caso de las relaciones sexuales ilícitas: el padre soltero suele escapar a la severa censura que cae sobre la madre soltera. La desviación no es simplemente una cualidad presente en determinados tipos de comportamientos y ausente en otros. El mismo comportamiento puede ser un delito cuando es cometido por ciertas personas, como el caso de los boxeadores y el uso de la fuerza. La desviación no es una cualidad propia del comportamiento, sino de la interacción entre la persona que actúa y aquellos que reaccionan a su accionar.

¿Las reglas de quién?
Desde el punto de vista de quienes son etiquetados como desviados, los “marginales” pueden ser las personas que hacen las reglas. Las reglas sociales son la creación de grupos sociales específicos. Las sociedades modernas no son organizaciones simples en las que hay concenso acerca de cuáles son las reglas. Por ejemplo, los inmigrantes italianos que siguieron fabricando vino para ellos mismos y sus amigos durante los años en los que el alcohol estuvo prohibido en EEUU se estaban comportando de acuerdo a los estándares de la colectividad italiana, pero estaban violando las leyes de su nuevo país. El delincuente de clase baja que pelea por su “territorio” está haciendo lo que considera necesario y justo, pero los trabajadores sociales y la policía no lo ven de la misma manera. Aunque puede argumentarse que muchas o la mayoría de las normas suscitan el concenso generalizado de la sociedad, la investigación empírica de cierta norma suele relevar actitudes muy variadas en la gente. La persona puede sentir que la juzgan de acuerdo a normas que fueron dictadas sin su consentimiento, reglas que le son impuestas desde afuera por marginales, como puede ser, por ejemplo, la prohibición de hacer fotocopias o de copiar DVDs. Igualmente, las reglas que deben seguir los jóvenes son hechas por los adultos, como las de asistencia a clase o comportamiento sexual. La diferencia en la capacidad de establecer reglas y de imponerlas a los otros responde a diferencias de poder. Esta última apreciación de Becker es casi igual a la definición de “poder” de Weber.

Cap. 2
Del entrecruzamiento entre los comportamientos y la reacciones se desprenden cuatro conductas:

Comportamiento obediente
Comportamiento que rompe la regla
Percibido como desviación
Falsa acusación
Desviado puro
No percibido como desviación
Conducta conforme
Desviado secreto
En la desviación secreta se ha cometido un acto incorrecto pero nadie lo advierte o nadie reacciona frente a él. Becker pone el ejemplo del fetichismo: tuvo ocasión de ver el catálogo de un traficante de fotos pornográficas para fetichistas. El catálogo no contenía fotos de desnudos ni de actos sexuales, sino cientas de fotos de muchachas en camisas de fuerza, o con botas de cuero o látigos o que se daban nalgadas. Similarmente, muchos homosexuales logran mantener en secreto su desviación frente a sus allegados heterosexuales, y muchos consumidores de drogas logran ocultar su adicción.

Modelos de desviación simultáneos y secuenciales
Casi todas las investigaciones sobre desviación se ocupan de cuestiones que surgen de concebirla como algo patológico, que intentan descubrir las causas del comportamiento indeseado. Según este modelo, un estudio sobre la delincuencia juvenil intentaría descubrir si los factores que la generan son el coeficiente intelectual, la zona en la que viven, el hogar del que proceden o una combinación de éstos u otros.

Pero para Becker no todos los factores actúan al mismo tiempo, y es necesario un modelo que tenga en cuenta que los patrones se desarrollan en una secuencia: cambios en el comportamiento del individuo. Cada una de estas etapas necesita ser explicada, y lo que puede operar como causa en una etapa de la secuencia puede ser irrelevante en otra. Puede hablarse de una carrera de la desviación. Este concepto fue elaborado originalmente para estudiar trayectorias ocupacionales.

La carrera del desviado
La mayoría de las veces, el primer paso de una carrera en la desviación es la comisión de un acto de inconformismo, un acto que rompe con un conjunto de normas. La gente generalmente piensa que estos primeros actos son intencionales, pero a veces se deben al simple desconocimiento de la existencia de la norma (como Pocho La Pantera, que no s bía que ser proxeneta es ilegal) o de que sea aplicable esa norma a ese hecho en particular. ¿Por qué la persona no sabe que su accionar es indebido? Las personas involucradas en una subcultura, como algunas étnicas, pueden ignorar las normas.

Pero yendo los casos de inconformismo intencional, Becker encuentra limitaciones en las teorías psicológicas y en la sociología de Merton: Becker dice que no hay razones para presuponer que sólo quienes finalmente se desvían de la norma tienen de verdad el impulso de hacerlo. Es mucho más probable que la mayoría de la gente tenga impulsos desviados todo el tiempo. Al menos en sus fantasías, la gente es mucho más desviada de lo que parece. En vez de preguntarnos por qué quienes se desvían de la norma hacen cosas reprobables, uno debería preguntarse por qué la gente convencional no lleva a la práctica sus impulsos desviados. Posiblemente porque existe un proceso de compromiso a través cual la persona normal se involucra progresivamente con las instituciones y las formas de conducta apropiadas (la socialización de la que hablan Berger y Luckman), que son externas a ellos. El individuo siente que debe adherir a ciertas líneas de comportamiento. El joven de clase media no abandonará la escuela porque la necesita para posicionarse en el mercado de trabajo, y el individuo convencional no se interesará por las drogas por el riesgo que representan para su reputación, su familia o su trabajo.

Sin embargo, es posible que durante su crecimiento la persona de alguna manera haya logrado evitar hacer alianzas con la sociedad convencional y quede en libertad de seguir sus impulsos, como puede ser el caso de quienes no tienen una reputación que cuidar o empleos fijos. Otros autores han sugerido que los delincuentes suelen tener un fuerte impulso por ajustarse a la ley, pero que utilizan técnicas para acallarlo. Por ejemplo, pensar que no son los responsables de sus actos desviados, que se vieron impulsados contra su voluntad por ciertas situaciones, por lo que la desaprobación de sí mismo o de los demás deja de tener la misma influencia. Otra técnica se centra en la ofensa o el daño que implica el acto delictivo. Pueden considerar que el robo de un auto es una especie de “préstamo”, que las luchas entre bandas son peleas privadas o que los ajustes de cuentas son venganzas y castigos justos.

A Becker no le interesan tanto las personas que se devían de la norma una vez o de manera ocasional, sino aquellos que mantienen un patrón de comportamiento desviado. Uno de los mecanismos por los que se pasan a patrones sostenidos de conductas desviadas es el desarrollo de motivos e intereses desviados. El individuo aprende a participar en una subcultura organizada alrededor de una actividad desviada.

Uno de los pasos más cruciales en el proceso de construcción de un patrón estable de comportamiento desviado quizá sea la experiencia de haber sido identificado y etiquetado públicamente como desviado. El individuo puede así catalogarse a sí mismo como desviado e incluso castigarse de alguna manera por lo que hizo. Incluso es posible que quiera que lo atrapen. El efecto más importante del etiquetamiento es el cambio drástico que se produce en la identidad pública del individuo, que le confiere un nuevo estatus, convirtiéndolo en una persona diferente y que es tratada acorde a eso. Existe un estatus maestro, que supera a los demás y tiene primacía, y un estatus subordinado. El hecho de ser médico o de pertenecer a la clase media no impedirán, en una sociedad racista, que el negro sea tratado primero como negro y luego de acuerdo a lo demás. El estatus de desviado es un estatus maestro: la persona primero será identificada como desviada antes que otra cosa. La gente se preguntará “¿qué clase de persona rompería una regla tan importante?, respondiéndose –Alguien diferente a nosotros, alguien que no quiere actuar como un ser moral.” Tratar a un individuo como si fuese un desviado en general, y no una persona con una desviación específica, tiene el efecto de producir una profecía autocumplida: una vez que la persona ha sido identificada como desviada, tiende a ser aislada de las actividades más convencionales. Por supuesto, no todos los que son atrapados en la comisión de un acto desviado y etiquetados como desviados avanzan hacia formas más acentuadas de desviación.

En el caso de los adictos, algunos estudios han demostrado que con frecuencia intentan curarse para demostrar a los demás que en realidad no son tan malos como se piensa. Cuando logran dejar con éxito su adicción, descubren que la gente sigue tratándolos como si fuesen adictos.


El último escalón en la carrera de un desviado es integrarse a un grupo desviado organizado. El impacto sobre la imagen que tiene de sí es muy fuerte. Cita el ejemplo de una drogadicta que se dio cuenta de que no tenía amigos que no fueran drogadictos. Los miembros de un grupo desviados tienen algo en común: su desviación, que les hace sentir que comparten un destino, que van en el mismo barco. De ese sentimiento surge una subcultura, un conjunto de puntos de vista sobre el mundo. Los grupos desviados tienden a racionalizar mucho su posición, llegando en ocasiones a elaborar una complicada justificación histórica, legal y psicológica para su accionar, como, por ejemplo, los libros que han formado una filosofía funcional para el homosexual activo que le explica por qué es como es y por qué está bien que sea así. Se trata de una justificación para neutralizar los sentimientos que los desviados puedan sentir contra sí mismos. Le brinda al individuo los argumentos para continuar la línea de acción que han tomado. Por otra parte, cuando una persona entra en un grupo desviado, aprende a llevar a cabo sus actividades desviadas con un mínimo de obstáculos, puesto que otros desviados más experimentados se lo facilitan. Así, al ingresar en un grupo desviado organizado, es más probable que el individuo continúe por el camino de su desviación, puesto que ha aprendido a evitarse problemas y ha incorporado una lógica que no se lo reprocha.

“Anomia es poco decir, vivimos en descomposición”

“Anomia es poco decir, vivimos en descomposición” (14/08/2002)



El sociólogo Ricardo Sidicaro, reporteado por Página/12, explica que la desestructuración de la sociedad argentina casi no reconoce antecedentes.

Investigador del Conicet y profesor titular en la UBA, Ricardo Sidicaro parte de la indignada reacción de los vecinos de Esteban Echeverría por el asesinato de Diego Peralta para trazar un análisis sobre el estado de desestructuración que atraviesa la sociedad argentina. En diálogo con Página/12, el sociólogo sostiene que el concepto de anomia no alcanza a (se queda corto para) caracterizar la crisis actual, aunque descarta la posibilidad de un enfrentamiento civil. “Es un proceso de descomposición, pero sin proyectos políticos enfrentados”, asegura.

–¿La quema de la comisaría de El Jagüel es un episodio aislado o forma parte de un fenómeno más global?
–La mayor parte de las conductas es parte de una situación de profunda desestructuración. Las respuestas que se dan son desesperadas y no tienen que ver con una acción racional. La indignación existe y no cabe duda de que en situaciones de desestructuración se desatan los más exasperados, los más irracionales en su furia. No es la gran mayoría, pero la sociedad conduce a situaciones de desesperación y hay gente que da este tipo de respuestas. Hoy la sociedad se caracteriza por un avance de conductas poco relacionadas con los costos de la acción. Hay algunos que están raptando personas por dos mil pesos. Son conductas fuera de toda racionalidad costo-fines, aunque los que hagan eso sean pobres.

–La quema de la comisaría se basó en las sospechas de que la policía tuvo algo que ver con el asesinato de Peralta. No es la primera vez que las fuerzas de seguridad delinquen, pero la reacción fue mucho más violenta que en otras oportunidades: ¿por qué?
–En primer lugar hay que aclarar que dentro de la policía hay muchos que se juegan la vida con una actitud altruista. Sin embargo, lo que ocurre es que muchos de los que están adentro de las fuerzas de seguridad se piensan como civiles y delinquen como civiles. El Estado carece de capacidad para castigar este tipo de cosas. Pero no es sólo algo propio de la policía: la descomposición institucional está atravesando todas las esferas y, aunque en la policía se vuelve más peligrosa, también se da en el sistema escolar o el sistema de protección de la salud.

–¿Es una situación de anomia?
–Anomia es poco decir. En una sociedad que está funcionando normalmente, en épocas en las que se producen fenómenos económicos, de expansión o de recesión, se dan situaciones de anomia. Tiene que ver con la desestructuración de las reglas. Si se descubre oro, puede haber más riqueza y al mismo tiempo anomia. El Far West es una situación de anomia con riqueza. Si aumenta la desocupación puede haber anomia con desocupación, pero en general la anomia supone un conjunto de reglas que se debilita. Esto es diferente: es una desestructuración mucho más grande que aquella a la que remite el concepto de anomia. Suponer que la policía delinque no es anomia, es mucho más.

–¿Cómo caracterizaría entonces la situación actual?
–De descomposición social. En situaciones de anomia los sujetos pierden su relación con las normas. Acá el problema pasa también por las instituciones que tienen que hacer cumplir esas normas. No es una persona que transgrede y hay un juez que aplica la norma. El que transgrede es el juez.

–Muchos hablan de la posibilidad de una guerra civil, pero no se ven bandos en disputa.
–Es que la descomposición ha afectado a los bandos. En alguna época se constituían bandos que se enfrentaban y la sociedad estaba más organizada. Hoy son individuos que eventualmente se asocian para protestar, pero no tienen en común más que la situación de la protesta. En otros tiempos había una ideología, una imagen de país y de futuro que los llevaba a movilizarse. Hoy las movilizaciones de reclamo prácticamente no tienen identidad. Las personas que reprimían, en otra época, pensaban que lo hacían en nombre de Occidente o algo así. Quienes reprimen hoy lo hacen ennombre de una desorganización en la cual ellos están metidos: se extralimitan en la forma en que las instituciones a las que pertenecen les ordenan reprimir. La descomposición atraviesa la simple reproducción de la cotidianidad. Hay una pérdida de vigencia de las instituciones y una pérdida de la integración de los sujetos al tejido social.

–¿Hay ejemplos de situaciones de este tipo en la historia argentina? ¿O en algún otro país de Latinoamérica?
–No. Un debilitamiento institucional tan fuerte generalmente se ha correspondido con bandos que salen a luchar. Se establece un verdadero conflicto o guerra civil. Entre nosotros, la particularidad es la creciente descomposición que afectó a los bandos que podrían constituirse. Nadie tiene un proyecto político en este momento, pero no es que todos están desorganizados. Este debilitamiento político institucional permite que las minorías activas y concentradas del poder económico saquen sus beneficios. En general las formas de desestructuración fueron a partir de proyectos políticos antagónicos. Hoy uno no puede decir que existan proyectos políticos enfrentados. Lo que uno ve son los efectos de la descomposición.

–¿En qué podría derivar semejante situación?
–No sé. No se puede saber en qué medida el reclamo de ley y de orden de los que quieren vivir de una manera integrada puede convertirse en una fuerza política. Lo que reclama la gente es el retorno a la ley. No la mano dura, sino que se cumplan las leyes. Es la primera vez que en la Argentina hay tanto reclamos para que se cumplan las leyes.


lunes, 25 de septiembre de 2017

Robert Merton: “Estructura Social y Anomia” (1938)

Robert Merton: “Estructura Social y Anomia” (1938)



Se entiende por anomia una condición en la que la sociedad tiene dificultades para guiar moralmente a los individuos, y en la que los vínculos sociales entre las personas y la comunidad se encuentran debilitados. La anomia frecuentemente implica una separación, una dislocación entre los estándares individuales y los de la sociedad (lo que entendemos por el concepto de “hechos sociales” de Durkheim). El debilitamiento de la ética social dificulta la regulación de los comportamientos.

En el ensayo “Estructura Social y Anomia”, de 1938, del sociólogo estadounidense Robert Merton, se analiza de una forma sistemática la desviación social, explicando conductas “anormales” como la delincuencia, el suicidio, el crimen y las anomalías psicológicas, entre otras. Hacia fines del siglo XIX, en el pensamiento de Durkheim la anomia se había pensado de dos maneras. Por un lado, en la obra “La División del Trabajo Social” aparecía como falta de reglamentación, como un fenómeno producido por los cambios excesivamente rápidos ocasionados por la industrialización que se vería agravado por el progresivo debilitamiento de la conciencia colectiva. Por otra parte, en “El suicidio”, la anomia es fundamentalmente un problema de regulación, de falta de límites. Dado que sin controles impuestos socialmente, las pasiones y los deseos se desatan, la única manera de evitar la impaciencia, la insatisfacción y el malestar del infinito, como denomina también a la anomia, es a través de los frenos y límites impuestos socialmente. Esta segunda acepción de la anomia se refiere, entonces, no a que no existan normas y reglas, sino a que no se cumplen, a que no tienen vigencia en la vida cotidiana, tanto porque la sociedad es incapaz de vigilar y exigir su cumplimiento, como porque los individuos las desconocen o no las aceptan. Teniendo en cuenta esta ambigüedad en la obra de Durkheim, Merton no sólo amplió la concepción como tal de anomia, sino también su función social como herramienta para explicar el conflicto y el orden social de una forma mas extensa que la que había hecho Durkheim cuarenta años antes.

Para Merton la anomia es una especie de quiebra de la estructura cultural, que tiene lugar cuando hay una separación grave entre las normas y los objetivos de una cultura, y las capacidades o el compromiso de los individuos por obrar de acuerdo con aquéllos. Además, sostiene que la probabilidad de caer en la anomia difiere entre los individuos debido a la estructura social donde conviven, haciendo a unos más propensos y con más posibilidades de caer en un estado de anomia, que según Merton es característico de los estratos más bajos de la sociedad, donde las posibilidades para acceder a los fines prescriptos por la cultura y la sociedad en general son escasos. De esta manera, las personas de menores recursos, sin poder encontrar los medios (el trabajo, la empresa, etc.) para los fines culturalmente impuestos (en la sociedad norteamericana del siglo XX en la que vivió Merton, hacer dinero), serían más propensas a -si quieren cumplir con dicho objetivo- buscar soluciones alternativas (y no necesariamente legales) para llegar a la meta de éxito material.

Ahora bien, esta situación anómica es típica de la sociedad norteamericana y afecta a todas sus instituciones, grupos e individuos. Todos son incitados -desde el hogar, frecuentemente en las iglesias protestantes, en la escuela, el trabajo, los medios de comunicación, etc.- a cumplir sin claudicación el “Sueño Norteamericano”, la consigna ideológica y el mito de la igualdad y el éxito económico para todos. Para alcanzar la cima (los símbolos de status: la casa en los suburbios, el auto que enceran el fin de semana, etc.) sólo sería cuestión de perseverar y trabajar duro; el fracaso se debe únicamente a la falta de esfuerzo o a defectos del individuo.

Sin embargo, en la práctica social cotidiana la realidad se presenta completamente diferente. Las oportunidades (el acceso a los medios económicos, la educación, la ocupación y demás, necesarios para lograr las metas culturalmente prescriptas) no se hallan al alcance de todos, sino que se distribuyen en función de la posición de clase social. Esto significa que se está en presencia de una sociedad contradictoria, injusta y conflictiva, pues anida en ella, una evidente disociación o contradicción entre la cultura (metas exigidas universalmente) y la estructura social (desigual disponibilidad social de las oportunidades), quedando así descartada toda correspondencia entre mérito, esfuerzo y recompensa. Los fines son los mismos para todos; los medios, en cambio, que se arregle cada uno como pueda. Esa dislocación es la que puede llevar a la anomia.

Sin embargo, hay sociedades donde hay cierto equilibro entre los objetivos y la capacidad de la gente para llegar a ellos. En una sociedad de esquimales, por ejemplo, en la que la meta socialmente impuesta sea, por ejemplo, ser una persona pacífica y ser buen pescador, no existen objetivos culturales que pueden conducir a un estado de anomia, como sí es el caso de la consecución de dinero.

Frente a la valoración de fines y medios, Merton planteó cinco categorías para clasificar el grado de interacción social. Estas categorías se refieren a la conducta social en tipos específicos de situaciones, no necesariamente a la personalidad de un individuo.

Conformidad: Es la adaptación mas común. Aquí son aceptados tanto las metas culturales como los medios institucionales para llegar a las primeras. Es la forma de conducta no desviada. La persona no cuestiona aquí la justicia del sistma social, sino que lo acepta, incluso si no tiene los medios para alcanzar los fines que le propone. Esto significa, básicamente, comportarse de manera conforme a las reglas.

Innovación: Es cuando los individuos aceptan las metas establecidas pero rechazan los medios para llegar a ellas. El innovador tiene la aspiración por el éxito económico, pero rechaza los medios legítimos para alcanzarlo por considerarlos inconducentes o  imprácticos, incorporando métodos ilegales para su consecución. Quienes van por la “plata rápida” son considerados por Merton “innovadores”. Esto está en contraposición a la criminología positivista de fines del siglo XIX (más claramente con el concepto de “delincuente patológico”) porque para Merton los delincuentes son normales: culturalmente normales. Quieren lo que quiere todo el mundo (lo que la cultura les impuso) pero tratan de conseguirlo de otra manera.

Ritualismo: La persona no aspira a la meta del éxito, frecuentemente porque está fuera de su alcance, pero respeta los medios legítimos. Es característico de individuos que viven en total control de todo lo que acontece en sus vidas, no toman excesivos riesgos ni aceptan tomar una decisión en donde no tengan todas las garantías y además estén completamente seguros de que van a conseguir lo que desean. Cartoneros, maestros y policías honestos de bajo rango pueden considerarse ritualistas.

Retraimiento: No se trata de una adaptación, sino tal vez una desadaptación al medio, ya que rechazan tanto las metas como los medios para hacer realidad los objetivos propuestos culturalmente. Es característica de algunos vagos, autistas, alcohólicos, algún viajero soñador y piojoso sin interés por otra cosa más que dormir bajo las estrellas, mantenidos de 35 años que no tienen real interés por generar ingresos ni trabajar, etc.

Rebelión: Son las personas que proponen instaurar un nuevo orden social, con metas diferentes y medios diferentes. Su objetivo es crear una sociedad nueva o modificar radicalmente la actual. Característico de actitudes revolucionarias.

Merton esboza algunas propuestas para mitigar las tendencias anómicas en su sociedad:

Incorporar metas alternativas al éxito económico para distintos estratos sociales. Así se obtendría una mayor correspondencia entre mérito, esfuerzo y recompensa, y se evitarían buena parte de las consabidas tensiones y frustraciones provocadas por el sistema, las que pueden derivar en comportamientos ilegales. Un ejemplo es proponer como meta social el desarrollo artístico, la ciencia o la solidaridad.

Sobre todo para los jóvenes, mejorar las oportunidades para alcanzar el éxito, especialmente las de educación y empleo, limitando simultáneamente el acceso a las oportunidades ilegítimas.

Estudio y diagnóstico permanente de las necesidades del sistema que van surgiendo, llevados a cabo por analistas expertos –especialmente sociólogos-, subordinados a los dirigentes económicos y políticos, encargados de la cobertura de dichas necesidades.