miércoles, 2 de agosto de 2017
Conceptos Clave Parcial 11/8
-Marx: Acumulación Originaria:
Acumulación originaria como origen del orden capitalista
Quiebra de campesinos y cercamiento
Acumulación de dinero
La proletarización y los desposeídos como condición de consolidación del capitalismo
-Weber: Clases Estamentos y Partidos:
Poder
Acción social
Situación de clase y auténtica comunidad de clase
Diferencia entre el pensamiento de Weber y el de Marx sobre desigualdades
Estamentos
Partidos
Bourdieu: Capitales y el Espacio Social:
Capitales
Capital económico
Capital social
Capital cultural incorporado, objetivado e institucionalizado
El Espacio Social, cómo y qué podemos ubicar en él
-Bourdieu: Título Escolar y Posición Social:
Inflación académica y devaluación de títulos
La desilusión de la educación y el efecto fila
domingo, 30 de julio de 2017
Svampa: Countries (1997)
Maristella Svampa - “Clases Medias, Cuestión Social y Nuevos Marcos de
Sociabilidad” (extractos)
Durante
nuestra investigación realizamos numerosas visitas a urbanizaciones privadas.
El relato de tres de ellas puede servirnos para ilustrar una suerte de
tipología.
En el primer
caso, se trata de un country de la zona norte, con veinticinco años de
antigüedad, ubicado a unos 37 km de la Capital, en Escobar. Hasta hace poco
tiempo, fue un country de clase media alta, pero la acelerada evolución que
sufrió en los últimos diez años terminó por modificar su conformación social
interna, hoy en día, menos homogénea. Las viviendas antiguas son de tamaño
mediano, dispuestas en bloques, muy pegadas, apenas separadas por una calle
estrecha, tal como podemos encontrar en un barrio porteño como Villa del
Parque. Hay nuevas viviendas, de mayor envergadura, pero nada ostentosas. Sin
embargo, en los terrenos recientemente adquiridos, frente al ondulado green de
la cancha de golf, comenzaron a erigirse algunas mansiones al mejor estilo
“Hollywood”. La pareja que visitamos estaba conformada por una exitosa
bioquímica que trabaja en el sector privado y un empresario nacional en
bancarrota.
En el
segundo caso, se trata de un Barrio Privado típico. Allí el contacto era con un
arquitecto de unos 30 años, quien, además de construir barrios privados en la
zona norte, acababa de mudarse, junto con su esposa analista de sistemas, a uno
de ellos, con buen acceso a la Panamericana, cerca de Maschwitz. Por toda respuesta,
él nos invitó a andar en bicicleta, no sin antes agregar que no nos
preocupáramos por nuestras pertenencias y que no era necesario cerrar con llave
el auto. Recorrimos el barrio en dos ruedas, mientras el arquitecto nos
aconsejaba respirar el aire sano del campo. Al pasar, hizo alusión a los “mediocres clasemedieros” que
reproducían, casa tras casa, un masificado estilo californiano. La suya era una
de las pocas excepciones en el barrio y reflejaba con orgullo su estetizada
visión de la vida. Finalmente salimos del pequeños barrio privado y cruzamos la
ruta para entrar a otro barrio privado, de mayores dimensiones, cuya visión, si
bien no tenía nada de deslumbrante, contrastaba con la austeridad del paisaje
que acabábamos de dejar. El arquitecto explicó el porqué de la visita: no era
infrecuente que una empresa madre construyera barrios privados hermanados, pero
socialmente diferenciados; un “hermano menor”, algo modesto, destinado a una
clase media ajustada, con sistema housing , y un “hermano mayor”, ostentoso,
para la clase media alta, con clubhouse y alguna infraestructura deportiva.
En nuestra
tercera incursión nos aprestamos a trasponer el umbral de uno de los countries
más exclusivos de la era menemista, ubicado en el partido de Malvinas Argentinas,
a una distancia de 32 Km. de la capital. Aquí también tuvimos, como en el
primer caso, una impresión de “deja vu”, sólo que esta vez la referencia fueron
exclusivamente del lado de las lujosas mansiones de Bervely Hills, que tanto
exhiben los telefilmes norteamericanos. El country tiene diez años de
antigüedad y es exclusivamente para residentes permanentes. Las viviendas son
fastuosas y los lotes amplios, de dos mil metros, de diferentes estilos, con
verdaderos detalles de lujo. En realidad, no sabemos si lo que nos impresionó
primero fue la elocuencia de la riqueza o sobre todo su homogeneidad. Entre la
variada infraestructura deportiva de uso común, se destaca la hípica. Cuenta
además con dos clubhouses , uno de los cuales era el casco de estancia de una
conocida familia patricia. El country ostenta un atractivo adicional, el de
poseer unos de los colegios bilingües más respetados entre la elite del país.
En fin, estábamos a punto de pisar una lujosa residencia de estilo francés:
allí nos recibiría una mujer de menos de 40 años, analista de sistemas, que
trabaja en una empresa familiar.
En el primer
caso, que podemos denominar Tipo I, nos encontramos ante un “country antiguo”.
O más simple, un club de campo, originariamente concebido como “segunda
residencia” y dotados de una intensa vida social interna así como una
diversificada actividad deportiva intercountries. Claro que los hay de variado
tipo, desde los countries selectos y elitistas, venidos a menos, algunos con un
pasado marcadamente antisemita, hasta los pretenciosos countries de clase
media. Pero todos ellos, hoy en día, tienen una problemática común, la que no
sin provocación denominaremos como un proceso de trasvasamiento generacional y
social, a partir del desplazamiento de los countriestas de fin de semana por
residentes permanentes, quienes ya constituyen el 50% de la población. En
líneas generales, los nuevos residentes, liderados por los matrimonios jóvenes,
conciben el estilo de vida de modo más pragmático y menos ostentoso que sus
predecesores. Todos ellos consideran que el country debe actualizar sus
servicios en función de los nuevos ocupantes, ajustándose tanto a sus demandas
como a sus pautas de consumo. Por último, señalemos que el proceso es
acompañado por cambios importantes en la conformación social interna,
especialmente en countries de clase media alta, literalmente invadidos por
matrimonios jóvenes de la clase media de servicios, con menor poder adquisitivo
que los anteriores ocupantes. Más aún, el proceso de masificación producido en
los últimos años evidencia, en algunos casos, una suerte de conflicto entre las
estrategias de marketing escogidas y las estrategias de distinción conservadas.
Pero, por lo general, con raras excepciones, la transición registra un esfuerzo
de adaptación al nuevo perfil social y generacional del residente.
En el
segundo caso, el Tipo II, nos encontramos con la oferta más difundida en la
actualidad: los Barrios privados. Los hay de dos tipos, por un lado, aquellos
que están en el centro de la expansión inmobiliaria, que son los barrios de
pequeñas dimensiones, destinados a una clase media típica, cuyo valor clave
reside en la seguridad; por otro lado, están aquellos destinados a clases
medias altas (muy minoritarias, pues éstas prefieren los countries, que
presentan una buena calidad paisajística y alguna infraestructura de servicios.
Por último,
en el tercer caso o Tipo III, se encuentran los countries recientes,
exclusivamente destinados a la clase alta y media alta y compuestos en su mayor
parte por residentes permanentes. Aquí, la población es más homogénea desde el
punto de vista social que en los countries antiguos. Algunos poseen suficientes
marcas de estatus y atraen por ello a countriestas de alto nivel
socioeconómico, que no han soportado la masificación de los antiguos countries
de los cuales proceden. Pese a que esta tipología es la menos representada en
términos absolutos, a la hora del análisis resulta particularmente interesante
concebirla como una especie de laboratorio, que refleja en estado puro gran
parte de las situaciones típicas que atraviesan la mayoría de las
urbanizaciones privadas. En efecto, es aquí donde aparece con contundencia la
figura de la comunidad cercada y autocentrada, con escasas relaciones de
sociabilidad con el mundo exterior. Entre los residentes hay un núcleo
tradicional de apellidos patricios; pero también hay muchos matrimonios de
altos funcionarios o profesionales que viajan diariamente a la capital. Cuando
es el caso, la existencia de un colegio al interior del predio, termina por
fijar en el country verdaderas características de ghetto, hecho reforzado por
el contraste que este espacio amurallado ofrece con el entorno, jalonado de
villas miserias y barrios policlasistas venidos a menos. Así, para hacer frente
a un entorno miserable y la mayor parte de las veces, hostil, y continuando con
una tradición que proviene de los antiguos clubes de campo, cada country tiene
su comisión dedicada a las actividades de beneficencia, a partir del cobro de
una cuota mensual que se incluye en los gastos comunes, junto con las expensas.
Aquí los problemas de socialización se expresan también en estado puro. Al
vandalismo adolescente, que es un problema más que trivial para los countries
antiguos, ha sido complementado por la aparición del vandalismo infantil, como
es el caso del country que describimos más arriba. Así, durante 1999, en apenas
un mes, se registraron doce actos vandálicos, llevados a cabo por niños entre 9
y 12 años, que irrumpieron en viviendas en construcción o apenas terminadas,
realizando importantes destrozos. No son pocos los que reflexionan acerca de
las consecuencias de una “cultura de la opulencia” (son chicos “que se aburren”
porque lo tienen todo) y/o de modelos familiares en crisis (padres “abandónicos”
que “largan” a sus hijos al country, o familias desestructuradas por los
divorcios).
Weber: Clases, Estamentos y Partidos
Max Weber
Clases, Estamentos y Partidos (1922)
La desigualdad en una sociedad se explica por una
inequitativa distribución del poder. Por “poder”
entendemos la probabilidad que tiene un hombre o una agrupación de hombres de
imponer su voluntad, contra cualquier resistencia y cualquiera sea el
fundamento de esa resistencia.
La propuesta de Weber es que laS fuenteS de poder
de un hombre o un grupo de hombres se relacionan con la pertenencia a clases,
estamentos y partidos. Weber intenta apartarse de las visiones totalizantes
como el marxismo de tipo economicista, buscando fuentes del poder no determinadas
necesariamente por estructuras de clase, sino también por los otros procesos
asociativos (castas, estamentos, modos de vida, partidos políticos).
Max Weber desarrolla una teoría donde el criterio
de clase corresponde a la
situación de los actores en el mercado. Una situación de clase es un grupo de
personas que están situados de similar manera frente al mercado, que ofrecen lo
mismo al mercado. Hay situaciones de clase positivamente privilegiadas, como
los empresarios de la noche, los productores sojeros o los inversores
financieros, cuya posición en el mercado los pone en ventaja respecto a otros
grupos. Y hay situaciones de clase negativamente privilegiadas, como los
cartoneros o la clase trabajadora, que no tienen para ofrecer al mercado más
que su propia fuerza de trabajo, y eso los pone en desventaja. La posesión y la
no posesión son las categorías fundamentales de todas las situaciones de clase.
Siempre el concepto de clase remite a las probabilidades que se tienen en el
mercado. En este sentido, el concepto de “situación de clase” de Weber, y el de
“clase” de Marx son muy similares: ambos son categorías económicas.
“Situación de clase” y auténtica comunidad de
“clase” no siempre son lo mismo. Para constituirse en una auténtica comunidad,
un grupo de hombres que compartan una situación frente al mercado debe llevar
adelante una “acción social”,
es decir, una acción deliberada y consciente que se oriente por la acción de
otro autor.
Un caso de acción social de clase fue el lock out
patronal agropecuario contra la Resolución 125, más conocido como “paro del
campo”. Los productores agropecuarios constituyen una verdadera comunidad al
realizar una acción social, en este caso, cien días de cortes de ruta y
desabastecimiento para que un gobierno de marcha atrás con una iniciativa
impositiva. Los cartoneros constituyen una situación de clase, pero no
una comunidad, puesto que no llevan adelante acciones sociales como
conjunto: no hay paro de cartoneros, ni se constituyen en sindicatos o grupos
de presión que tengan relevancia.
Pero a su vez existe una distribución desigual de
poder que Max Weber identificó con el prestigio y el honor social, la
tradición y el modo de vida. Un grupo de personas que se distinga de los
demás por su reconocimiento social, prestigio y honor -en definitiva, por su
status- es un “estamento”. Esta
forma de poder no operaría en el ámbito económico. Weber escribe que el mercado
no repara en el individuo, solo en la cosa. Es decir, una persona puede
convertirse en empresario de la noche de un día para el otro si compra un
boliche. Pero no puede convertirse en noble, samurái, caballero o sacerdote
inmediatamente, pues la pertenencia a estos grupos implica condiciones
personales o cierta tradición. Esta es una forma de diferenciación distinta a
las clases, ya que los estamentos implican principios valorativos y un sentido
de pertenencia por parte de sus miembros.
El estamento se relaciona con el modo de vida.
Weber menciona una reunión a la que sólo son invitados los residentes de cierta
calle, las distinguidas familias. Menciona también a los descendientes de
Pocahontas, los padres peregrinos y diversos círculos.
El poder social que se expresa en el prestigio y el
honor no operaría en el ámbito económico, sino más bien en una dimensión
social. Las sociedades en las que los estamentos fueron la forma predominante
de división fueron la europea medieval y otras como el Japón feudal o la India
tradicional. Pero en las sociedades modernas aun quedarían elementos
relacionados con el honor estamental de las sociedades tradicionales, un
prestigio asociado a determinados modos de vida que son característicos de
algunas comunidades como los antes mencionados grupos estamentales. Ejemplos de
estamentos modernos podrían ser los jueces, el clero, los excombatientes de
Malvinas, los presos, etc.
En ese sentido, clase vendría siendo solo un tipo
de división. Weber critica la visión marxista en relación al concepto de clase
social, donde esta sería solo en efecto de las contradicciones económicas.
Este honor puede también corresponder a una
situación de clase, y la posesión de bienes puede tener importancia. Es decir,
sería muy raro que un juez anduviera levantando cartones.
Cuando el estamento está reglado y está
establemente arraigado en el orden social, se convierte en una casta, la
que puede incluir una garantía ritual que prohíba el contacto físico con alguna
de éstas. La sociedad de castas más famosa es la India tradicional: las castas
eran grupos cristalizados y heredados de los que se podía salir. Menciona también
a los pueblos parias, estamentos negativamente priviliegiados que conservan una
creencia en la comunidad étnica viviendo en la diáspora.
El orden estamental significa lo inverso al orden
de mercado: una organización de acuerdo con el honor y un modo de vida según
normas estamentales. Tal orden resulta, pues, amenazado cuando la mera
adquisición económica y el poder puramente económico pueden otorgar poder. Por eso los miembros de toda organización
estamental reaccionan con actitud contra las pretensiones del mero lucro
económico. Esto puede obstaculizar la evolución del mercado, como es el
problema de la tierra heredada, los bienes sacerdotales y la clientela de un
gremio. El honor estamental suele rechazar el regateo y la búsqueda constante
de más ganancia, considerándolos vicios de “nuevo rico”.
Así como una “situación de clase” no implica
necesariamente una auténtica comunidad de clase a menos que lleve adelante una
acción social, una “situación estamental” no implica necesariamente una
auténtica comunidad estamental si no lleva adelante una acción social estamental.
Algunos ejemplos de acción social estamental podrían ser las marchas de
estudiantes o las movilizaciones de excombatientes.
Por otra parte, los partidos se mueven principalmente dentro de la esfera del poder.
Su acción está encaminada al poder social, es decir, tiende a ejercer una
influencia sobre una acción comunitaria. A diferencia de la acción comunitaria
ejercida por las clases y estamentos, la de los partidos va siempre dirigida a
un fin metódicamente establecido. Sólo pueden existir partidos en comunidades
que tienen un aparato político. La finalidad de los partidos consiste en
influir sobre ese aparato y componerlo de partidarios. En algún caso pueden
representar intereses clasistas o estamentales, pero no siempre. Sus medios
para alcanzar el poder pueden ser diversos, legales e ilegales, y no son un
fenómeno exclusivo de la modernidad. Es una organización que lucha por el
dominio y suele estar organizada de manera verticalista.
Por último, clases, estamentos y partidos han
traspasado las fronteras de los países. Por ejemplo, los buitres financieros,
que son una clase, actúan igualmente en cualquier país. El clero católico en
Andorra, Rumania o Canadá, como estamento, tiene una existencia social prácticamente
igual. Los partidos comunistas del siglo XX se organizaron de manera idéntica
en todos los países, así como otros movimientos partidarios transnacionales,
como el socialismo árabe.
domingo, 9 de julio de 2017
Pierre Bourdieu, capitales y el espacio social
Pierre Bourdieu, capitales y el espacio social
Bourdieu
habla de capital para referirse a
todo aquello que pueda entrar en las "apuestas" de los actores
sociales, un "instrumento de apropiación de las oportunidades" o toda
"energía social" susceptible de producir efectos en la competencia
social.
El capital, en
definitiva, para Bourdieu se puede entender como cualquier tipo de recurso capaz
de producir efectos sociales. Esto no implica solamente el capital material (el
trabajo cosificado en objetos materiales, representable en dinero), sino que
considera como capital también a todo aquello que pueda valorizarse. Todo puede
valorizarse en la medida que haya alguien dispuesto a valorarlo, a apreciarlo,
a reconocerlo.
Espacio Social
El volumen (total) de capital
Es
la cantidad total de capital, como recursos utilizables. Es el eje vertical del espacio social, y se puede hablar de distintas
clases sociales en función de la cantidad total de capital de que disponen y de
su composición. A grandes rasgos, la suma de capital económico más capital
cultural.
La
estructura o composición del capital
El
capital puede presentarse en distintas formas: capital económico, cultural y
social, siendo la combinación entre ellas su estructura o composición. Es el eje horizontal del espacio social. Excepto
el capital económico, las formas de capital están fuera del mercado puramente
económico: por lo general, no pueden venderse ni transferirse directamente.
Pero tanto el
capital cultural como el social pueden buscarse por los beneficios monetarios
que reportan (estrategia más frecuente), aún a costa de cierta devaluación.
Ejemplos de esto podrían ser: "sólo estudian en la universidad para
encontrar trabajo y ganar dinero", "sólo tiene amigos por el
interés". Veamos a continuación con más detalle las formas económica,
cultural y social del capital.
1- El capital económico es el reconocido
socialmente como capital, es decir, como medio para ejercer el poder sobre
recursos o personas (apropiación de bienes y servicios) claramente objetivado y
representable en dinero.
La objetivación
y el reconocimiento universal facilitan su conversión en otras formas de
capital luego de cierto tiempo. Ejemplo clásico de esto es la conversión de
capital económico en capital cultural al ir a una universidad privada. O la
conversión de capital económico en capital social haciendo los regalos
indicados a las personas indicadas. Para esto es necesario contar con tiempo
que no esté sujeto a la necesidad económica, tiempo libre, tiempo de no
trabajo.
El capital
económico se expresa a través del equivalente dinero, símbolo establecido para
su representación.
2- El capital cultural puede presentarse en
tres formas: incorporado a las disposiciones mentales y corporales, objetivado
en forma de bienes culturales, y por último, institucionalizado, al estar
reconocido por las instituciones políticas, como ocurre con los títulos
académicos. Cuanto más objetivada esté la forma del capital, más fácil es su
conversión en capital económico.
2A- El capital cultural incorporado es el más
intransferible, está "hecho carne", es el saber, la forma de hablar,
de andar, de saber hacer uso de las modas para siempre resultar elegante,
distinguido..., el saber comportarse en las más variadas situaciones, y todo de
forma no deliberada, no consciente, para no resultar pedante, pretencioso,
hortera o cursi (por señalar algunos resultados de su búsqueda calculada). Por
tanto, es una forma de capital sujeta a los límites del cuerpo físico de su
poseedor, que no puede circular, es decir, no puede venderse.
2B- El capital cultural objetivado, no está
formado sólo por los bienes culturales, propiamente dichos, que podrían estar
almacenados en las cajas de seguridad de un banco (como hacen algunas empresas de
inversión), y que por tanto serían puro capital económico. Consiste en disponer
de los "medios de consumo" de esos objetos culturales, de las
disposiciones y conocimientos que permitan apreciarlos de forma legítima. Ejemplos
de esto son el piano en la casa, los cuadros, los viajes a Europa y las visitas
a museos.
2C- Por
último, el capital cultural institucionalizado
se asemeja a un título de una propiedad intransferible, pues certifica un valor
homogéneo para todos los que lo poseen. Títulos escolares, universitarios,
terciarios y certificados personales. Es posible su conversión en capital
económico, como ocurre en la relación entre titulación académica y las escalas
de funcionarios. No tiene por qué reflejar el conocimiento real, sólo lo
certifica, lo pone en una cartulina con un sello y un par de firmas. Ejemplo de
lo dicho es la charla en la que el expresidente argentino y abogado Adolfo Rodríguez
Saa escribió “petrolio” y “ferrocariles”.
3- En cuanto
al capital social, siguiendo el
mismo texto de Bourdieu, la suma de recursos efectivos o potenciales de que se
dispone por pertenecer a un grupo, por la red social más o menos
institucionalizada de que se disfrute. Su volumen dependerá del tamaño de la
red de conexiones que pueda movilizar y del volumen de las otras formas de
capital que ese grupo posea. Pueden ser amigos más o menos íntimos o miembros
de un club con rígidas normas de acceso, siendo la nobleza -en épocas
premodernas- la forma más institucionalizada de capital social. Formas en que
las familias intentan mantener o aumentar su capital social son mandar los
hijos a determinada escuela, pasar las vacaciones y ratos de ocio en
determinados lugares... de manera que los contactos más probables sean con
personas de una posición social equivalente o superior. Hace algunos años no
era raro que las familias manden a las hijas a un club medio chetón como River
o Ferro para que se enganchen a algún militar o a un tipo de guita.
En los países
de capitalismo avanzado, hay dos especies de capital que jerarquizan la
estructura social de sus sociedades: el capital económico y el capital
cultural.
Por ejemplo,
en las sociedades capitalistas, la clase dominante, la que dispone de mayor
volumen de capital, se compone de al menos dos fracciones de clase: aquellos con
más capital económico (los empresarios) y aquellos con mayor capital cultural (como
los artistas).
Como principios
de jerarquización, ambas formas de capital son independientes y opuestas.
Independientes, en tanto que la acumulación de uno de ellas no supone
necesariamente la acumulación de la
otra. Opuestas, porque aquellos con un gran volumen relativo de una de
las dos especies de capital no reconocen como superiores o iguales a aquellos
que poseen un gran volumen relativo de la otra especie de capital. Esto quiere
decir que quienes acumulen grandes cantidades de capital económico (como el hijo de Caniggia) pueden no dar gran valor a un elevado capital cultural
(como un catedrático universitario) y viceversa.
Sobre
el espacio social definido por el capital, el sociólogo puede agrupar a los
individuos que estén próximos y sean iguales en las características pertinentes
de lo que esté estudiando. De esta forma, hacia el interior de una clase social
podemos encontrar diferentes fracciones de clase si su capital total tiene una
composición mayoritariamente económica o cultural.
viernes, 7 de julio de 2017
Agricultores de EE.UU. hackean sus tractores con software ucraniano
Domingo 26 de marzo de
2017
Por qué los
agricultores de EE.UU. hackean sus tractores con software ucraniano
El juego del gato y el ratón,
protagonizado habitualmente por los usuarios de PlayStation y Sony o los dueños
de un iPhone y Apple, tiene un nuevo protagonista: John Deere.
¿Qué tiene que ver el fabricante de
tractores con Sony o Apple? Las tres empresas se "reservan" ciertos
derechos de propiedad sobre sus productos. Sony persigue el hackeo de sus
consolas para no permitir que corra juegos pirateados; Apple, para que sus
iPhone sigan bajo su entorno y el de las operadoras; y John Deere, para que sí
o sí los ¿dueños? de un tractor deban recurrir al servicio técnico oficial en
caso de algún desperfecto.
Las restricciones de John Deere sobre
los últimos modelos de sus tractores volvió muy popular la modificación del
software de la computadora interna con un software proveniente de Ucrania:
granjeros desesperados por reparar la maquinaria recurren a esa alternativa,
que les devuelve el dominio sobre el vehículo, facilitándoles además la
posibilidad de realizar cualquier reparación.
Límites
Que los granjeros acudan a hackers para
"liberar" tractores tiene otra explicación: John Deere puede, de
manera remota, apagar la maquinaria sin que los agricultores puedan hacer otra
cosa más que comunicarse con la empresa para solicitar una reparación que bien podrían
realizar ellos mismos.
De hecho, John Deere obliga a los
compradores de un tractor en los EE.UU. a firmar un documento en donde se
comprometen a no realizar cualquier tipo de reparación; todo debe hacerse en el
service oficial. No hay posibilidad de "meter mano". Otro apartado
impide que demanden a la compañía por imponer esas restricciones sobre los
arreglos oficiales.
De hecho la marca obliga a los
agricultores a firmar una cláusula que prohíbe prácticamente cualquier tipo de
reparación y además evita que los compradores (que no propietarios) de sus
tractores puedan demandarles por salir perjudicados por esa dependencia de las
reparaciones oficiales. ¿Se te estropea el tractor y no puedes hacer la
cosecha? Mala suerte. Es tu problema, no de John Deere.
Como indicaba un agricultor
entrevistado, "si un agricultor compra el tractor, debería poder hacer con
él lo que quiera. Si quieres sustituir la transmisión y lo llevas a un mecánico
independiente te podrá hacer ese cambio, pero el tractor no arrancará. Deere cobra
230 dólares por la pieza, más otros 130 para que vaya a conectarte a un
ordenador con un conector USB especial que autorice esa pieza".
Eso ha provocado la aparición de un
mercado negro de software y hardware específicamente destinado a que los agricultores
recuperen el control de sus tractores de John Deere.
¿El fin de la propiedad privada, o el
principio del hacking que recupera esa propiedad?
La actitud de John Deere es un ejemplo
destacable de cómo han cambiado las cosas en una industria que cada vez busca
tener mayor control no ya sobre sus productos, sino también sobre sus clientes.
De hecho tenemos ejemplos mucho más
cercanos en empresas como Apple, que han convertido sus productos en casi
irreparables por parte de usuarios de a pie. El caso de los tractores John
Deere abre un nuevo interrogante sobre la actuación de las industrias con
respecto al control que ejercen sobre sus productos y clientes, atrapados
muchas veces en un service oficial, no solo por el software sino también por el
hardware.
Reparar un iPhone 7 no es una tarea que
cualquier servicio técnico acepte enfrentar, debido a que el diseño del
smartphone de Apple lo convierte en un producto casi irreparable. Al mismo
tiempo, ofrecer garantías extendidas y servicio técnico oficial es un negocio
en pleno crecimiento, sobre todo entre las empresas tecnológicas, donde la sola
reparación de pantallas rotas representa ingresos constantes.
La situación revive una vieja pregunta:
¿pagar por un producto no entrega automáticamente la propiedad, y por ende, el
derecho a hacer lo que uno desee con él? En vísperas de la era de los autos
conectados, la pregunta vuelve a cobrar relevancia, quizás la misma que la del
trabajo de los hackers dispuestos a liberar cualquier artefacto.
domingo, 25 de junio de 2017
Marx y la "Acumulación Originaria"
El capítulo XXIV del Primer Tomo de El Capital es posiblemente uno de los más famosos textos de Karl Marx.
Este texto debe servir para abrir la discusión; en los veintitrés capítulos anteriores, Marx había hecho un extenso análisis del proceso de producción de la plusvalía, e igualmente había analizado cómo se generó una lógica del mercado en el que dinero y mercancía se transforman en capital. Al llegar al capítulo XXIV Marx convierte toda esta información económica y la traslada al ámbito histórico: nos muestra la evolución del mercado capitalista en términos humanos, de pueblos, hombres, mujeres, niños, etc.
Sabemos que en el modo de producción capitalista la clase burguesa es la propietaria de los medios de producción. Pero ¿cómo llegaron esos medios a sus manos? Parte muy importante de ese proceso histórico es separar a los trabajadores de sus medios de producción: crear una clase de personas libres que se vean en la necesidad de vender su fuerza de trabajo. Lo que Marx definió como "acumulación originaria" de capital constituyó un proceso que precedió a la formación de la gran producción capitalista y separó de los medios de producción a los productores directos.
Dos aspectos históricos de este proceso son:
1) La quiebra de los campesinos y su transformación en individuos sin propiedad, jurídicamente libres, carentes de medios de subsistencia y, por lo tanto, obligados a vender su fuerza de trabajo a los capitalistas. Este hecho fue esencial en las nuevas relaciones sociales que se dieron en el proceso de industrialización, pues permitió a los dueños de los talleres y fábricas disponer de abundante mano de obra procedente del campo con la que acrecentar a través de la plusvalía una riqueza que, reinvertida, multiplicó el desarrollo del capitalismo.
La acumulación de capital supuso la separación de los medios de producción (esencialmente la tierra) de los productores directos, los campesinos. En Inglaterra este proceso se realizó mediante las "leyes de cercamiento", que privaron a los agricultores tradicionales de los bienes comunes destinados al autoconsumo. Los nuevos propietarios pasaron a explotar las nuevas propiedades con una mentalidad capitalista.
2) La concentración de dinero en pocas manos, esencial en la creación y desarrollo de empresas industriales, por ejemplo, en la Inglaterra del siglo XVIII.
En Inglaterra, el proceso de la acumulación originaria del capital supuso la expropiación violenta de los campesinos, de cuyas tierras se apoderaron los grandes propietarios, quienes las convertían en pastizales para ovejas. Los campesinos desposeídos de sus tierras quedaban reducidos a la condición de personas carentes de bienes y, en ultima instancia, se veían obligados a someterse al trabajo bajo régimen capitalista. El gobierno dictaba leyes crueles contra las persones desamparadas, sin medios de subsistencia, que vagaban por todo el país; las empujaba hacia las nuevas empresas y las doblegaba a la disciplina cuartelaria del trabajo.
El saqueo de las colonias en América y África, los préstamos del Estado a las industrias que nacían, el sistema tributario y la política proteccionista también contribuyeron a que ciertas personas, sobre todo mercaderes, reunieran en sus manos grandes capitales. El Estado -que, para el pensamiento marxista es un aparato de la clase dominante- promulgaba leyes opresivas contra los expropiados, limitaba el salario de los obreros, establecía una prolongada jornada de trabajo. A este proceso corresponden también las leyes contra la vagancia: nadie puede quedar libre; el establecimiento de una sociedad capitalista necesita que la gente quede sujeta al trabajo para otro.
El proceso de la acumulación originaria del capital no se produjo al mismo tiempo ni el las mismas condiciones en los diversos países. En Inglaterra, Holanda y Francia, tuvo lugar en los siglos XVI—XVlll; en los países económicamente atrasados sucedió hacia el siglo XIX. En Rusia, el proceso se extendió a lo largo de los siglos XVII-XIX y culminó con la reforma campesina de 1861, que arruinó en masa a los campesinos, los dejó sin tierras y convirtió a gran número de ellos en proletarios.
A fines de 1842 Marx escribió un artículo en el que expuso su rechazo a la promulgación de una ley por la cual se prohibía a los campesinos de la zona del río Mosela recoger ramas caídas para utilizarlas como leña. De acuerdo con las antiguas costumbres campesinas, era perfectamente legítimo recoger la leña caída en el bosque o cultivar tierras desocupadas para y alimentar a los hijos hambrientos. Pero en un largo proceso entre los siglos XVI-XIX las tierras comunales, como los bosques, fueron privatizadas y cercadas. Antes, podían utilizarse los bosques para alimentar animales de los campesinos o sembrarlos. Las leyes fueron cambiando: los árboles pasaron a tener un propietario y se pasó a castigar el cortar madera de los árboles para conseguir leña, llevarse la madera ya cortada o, lo que es peor, llevarse la madera seca que se caía naturalmente de los árboles. Era necesario que el campesinado pierda sus medios de vida.
La tendencia histórica mundial es a la proletarización. Es decir, a quitarles a los trabajadores sus medios de producción y empujarlos a vender su fuerza de trabajo a un capitalista. Podemos pensar en el ejemplo de un taller artesanal de instrumentos musicales. Una familia de artesanos con sus propias herramientas, su localcito y sus clientes. El desarrollo de la gran industria hace bajar los costos para las fábricas que producen en masa, por lo que los precios del taller artesanal simplemente no pueden competir con los de la producción en serie. Es posible que los pequeños propietarios del taller deban terminar vendiendo su fuerza de trabajo a la fábrica, transformándose en empleados al quebrar su pequeña industria. Ahora ni las herramientas, ni el local les pertenecen a la familia, ni tienen relación alguna con los clientes ni deciden qué, cómo, cuándo ni cuántos instrumentos fabricar. Algo similar sucedió en Argentina con los tambos familiares, muchos de los cuales debieron terminar vendiéndose a las grandes empresas como La Serenísima o SanCor.
domingo, 18 de junio de 2017
Pierre Bourdieu: título escolar y posición social
El
desajuste entre las aspiraciones que el sistema de enseñanza produce y las
oportunidades que realmente ofrece es un hecho que afecta al todos los miembros
de una generación. Lo que está en juego no es ya un fracaso individual (como en
la escuela), sino la propia lógica de la institución escolar. La descalificación estructural que afecta a esta generación forma la base de una desilusión
colectiva.
Cada
grupo se esfuerza por mantener o cambiar su posición en la estructura social.
Cada clase trabaja para conquistar nuevas mejoras, es decir, para aventajar a
las demás clases y deformar la estructura de las relaciones entre las clases.
La competencia condena al individuo a reaccionar de forma personal ante las
acciones de miles de otras personas.
Según Bourdieu, la búsqueda de
capital escolar es una de las estrategias que permiten al empresariado
industrial y comercial mantener la posición de sus herederos al permitirles
apropiarse de una parte de los beneficios de las empresas bajo la forma de
salarios, que son una forma disimulada y más segura que la renta.
Los que intentan escapar
del descenso social pueden producir nuevas profesiones más ajustadas a sus
pretensiones o acomodar sus a pretensiones aquellas profesiones a las que sus títulos
les dan acceso. Los hijos de la burguesía amenazados de desclasamiento se
dirigen prioritariamente a las antiguas profesiones y hacia los sectores donde
se elaboran nuevas profesiones.
Las
recientes transformaciones de la relación entre las diferentes clases sociales
y el sistema de enseñanza son el resultado de una intensificación de la
competencia por las titulaciones académicas. La clases acomodadas han tenido
que intensificar la utilización que antes hacían del sistema de enseñanza. La
entrada en la carrera por la titulación académica de las clases populares ha
obligado a la clases altas a intensificar sus inversiones para mantener la ventaja
relativa de su posición en la estructura de clases.
Esto
significa que hay inflación académica y devaluación de títulos. Algo similar
sucedió con los títulos de nobleza en la Inglaterra del siglo XVI: un proceso
homotético en el que los competidores mantienen su posición en la carrera. El
visconde se hacía conde, el conde se hacía marqués, el marqués se hacía duque,
etc. Se ha llamado a esto "efecto fila": todos los competidores avanzan un casillero; el avance es ilusorio porque las posiciones relativas se mantienen. También el cargo al que se accede, por su masificación, ha perdido prestigio
relativo, como la carrera de profesor o, en menor medida, médico o empleado público administrativo. El número de empleos que requieren de
titulación ha aumentado también.
La triste moraleja, para Bourdieu, es que los relegados ayudan a su propia relegación al sobreestimar las vías educativas, al sobrevalorar los títulos y atribuirles unas posibilidades que en la realidad son negadas. Durante los años '90s en Argentina, por ejemplo, muchos desocupados desesperaban al ver que sus cursos de inglés y/o computación no les permitían escapar del desempleo. En realidad, había una estructura económica que prescindía de ellos.
La triste moraleja, para Bourdieu, es que los relegados ayudan a su propia relegación al sobreestimar las vías educativas, al sobrevalorar los títulos y atribuirles unas posibilidades que en la realidad son negadas. Durante los años '90s en Argentina, por ejemplo, muchos desocupados desesperaban al ver que sus cursos de inglés y/o computación no les permitían escapar del desempleo. En realidad, había una estructura económica que prescindía de ellos.
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